Un animal puede atravesar un manglar durante la madrugada sin que nadie lo vea. Puede beber agua, dejar pelos, escamas, excrementos o diminutas células y desaparecer entre las raíces.
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Hasta ahora, buena parte de esa historia podía pasar inadvertida.
Pero esas pequeñas huellas biológicas podrían convertirse en una especie de pista científica para saber qué especies viven en los manglares del Atlántico, cuáles están llegando, cuáles han desaparecido y cómo está cambiando el ecosistema.
El Gobierno de Abelardo De La Espriella, a través del Ministerio de Ambiente, anunció este 29 de octubre un nuevo sistema integrado de monitoreo de biodiversidad que combinará ADN ambiental y cámaras trampa en el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín y el Manglar de los Manatíes.
La apuesta reúne al Ministerio de Ambiente, la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA), los institutos Humboldt e Invemar, Conservación Internacional, la Red OTUS y Grupo Argos. El Ministerio asegura que se trata de un sistema de monitoreo integrado enfocado en manglares que busca producir información para orientar las decisiones de conservación.
Pero, ¿qué significa realmente buscar ADN en un manglar? ¿Las cámaras pueden descubrir animales que hasta ahora no habían sido registrados? ¿Y de qué sirve tener todos esos datos?
Estas son las claves.
¿Qué anunció el Gobierno para los manglares del Atlántico?
Durante una visita a la Ciénaga de Mallorquín, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Fabio Arjona, presentó un sistema que pretende observar el ecosistema desde dos frentes diferentes.
Por un lado estarán las cámaras trampa, capaces de registrar de manera automática a animales que atraviesen determinados puntos. Por el otro, se utilizará ADN ambiental, una técnica que permite rastrear material genético que los seres vivos van dejando en el entorno.
Arjona explicó que la apuesta busca integrar ambos mundos.
“Estamos mezclando lo terrestre con lo marino”, aseguró el ministro al explicar el alcance del proyecto.
Según MinAmbiente, el piloto comienza en el Atlántico, pero la intención gubernamental es posteriormente llevar este esquema de monitoreo a otros manglares del Caribe y el Pacífico colombiano.
¿Qué es el ADN ambiental y cómo puede revelar animales que nadie vio?
El concepto puede sonar complejo, pero la lógica es sencilla.
Los organismos dejan rastros de material genético en los lugares por donde pasan. Esas señales pueden quedar en el agua, el suelo o los sedimentos.
Los científicos toman muestras, analizan esos rastros y buscan identificar qué organismos estuvieron presentes, incluso cuando no hubo una observación directa del animal.
En este proyecto, la información genética se complementará con imágenes.
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La investigadora Angélica Díaz, del Instituto Humboldt y coordinadora de la Red OTUS, explicó que ambas herramientas permiten ampliar la información disponible sobre las especies.
“La combinación de estas herramientas permitirá ampliar el conocimiento sobre las especies que habitan estos ecosistemas”, indicó.
La diferencia es importante: una cámara puede mostrar al animal; el ADN ambiental puede aportar otra evidencia de su presencia.
Eso significa que la fotografía deja de ser la única pista.
¿Qué buscarán las cámaras trampa
Las cámaras estarán instaladas para registrar principalmente aves y mamíferos, de acuerdo con la información divulgada por el Ministerio.
Estos equipos funcionan durante periodos prolongados y permiten observar fauna sin que una persona tenga que permanecer físicamente en el punto de monitoreo.
Como parte de la alianza, Grupo Argos aportará 30 nuevas cámaras trampa, además de apoyar los estudios científicos relacionados con el proyecto.
El director ambiental del Grupo Argos, Carlos Cuello, sostuvo que el proyecto muestra la posibilidad de reunir “conocimiento científico, tecnologías de monitoreo y compromiso empresarial” para producir información útil en decisiones ambientales.
La expectativa ahora estará en lo que esas cámaras puedan encontrar cuando comience el monitoreo sistemático.
¿Por qué se necesitaba este sistema en el Atlántico?
La explicación de la CRA apunta a un vacío de información.
Su director, Jesús León Insignares, aseguró que el departamento no contaba con un mecanismo continuo e integrado que permitiera medir la biodiversidad y evaluar el estado ecológico de sus manglares.
Lo resumió en una frase:
“Lo que no se mide no se puede gestionar”.
Esa idea ayuda a entender por qué el proyecto no consiste simplemente en poner cámaras.
Si las autoridades saben qué especies existen, dónde aparecen y cómo varía su presencia con el tiempo, pueden comparar resultados y obtener señales sobre los cambios que atraviesa el ecosistema.
La información también puede ayudar a orientar procesos de restauración, conservación y manejo ambiental, aunque los resultados dependerán de la continuidad del monitoreo y de las decisiones que se adopten posteriormente con esos datos.
¿Por qué son tan importantes los manglares?
Los manglares ocupan una zona particular: allí se encuentran ambientes terrestres, estuarinos y marinos.
Además de albergar fauna y flora, pueden contribuir al almacenamiento de carbono y funcionar como barrera natural frente a procesos asociados con la erosión costera.
Por eso, cuando un manglar se degrada, la pérdida no se limita a los árboles.
También pueden verse afectados los animales que dependen de ese ecosistema, la calidad ambiental del entorno y las comunidades vinculadas a esas zonas.
En el caso del Atlántico, el sistema tendrá inicialmente dos escenarios principales: la Ciénaga de Mallorquín, en Barranquilla, y el Manglar de los Manatíes.
¿Quiénes participan en el monitoreo?
La apuesta reúne instituciones con funciones diferentes.
El Instituto Humboldt aportará experiencia en biodiversidad terrestre; Invemar, conocimiento sobre los ambientes marinos y costeros; la CRA tendrá el componente de autoridad ambiental regional; Conservación Internacional y la Red OTUS participarán en los procesos de monitoreo colaborativo.
De acuerdo con Carlos Costa, director de Conservación Internacional Colombia, la Red OTUS ya integra más de 150 proyectos de monitoreo de biodiversidad en el país.
Para Paula Sierra Correa, coordinadora de investigación e información de Invemar, el modelo debe funcionar precisamente como el ecosistema que busca proteger.
“Así como las raíces del manglar sostienen la vida y conectan los ecosistemas, el trabajo conjunto fortalece las capacidades”, señaló.
Mallorquín recibió además un reconocimiento mundial
El anuncio científico coincidió con otro hecho relacionado con la Ciénaga de Mallorquín.
La iniciativa ‘Renacer de la naturaleza urbana en Colombia’, liderada por la Alcaldía de Barranquilla, fue reconocida por Naciones Unidas como una Iniciativa Emblemática Mundial de Restauración, dentro del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.
Naciones Unidas informó que el proyecto tiene 445 hectáreas de humedal bajo restauración y una meta de llegar a 740 hectáreas para 2030. La estrategia incluye recuperación de manglares y otros hábitats, además de actividades vinculadas a comunidades y economía local.
Es un reconocimiento importante, pero también deja una pregunta para los próximos años: cómo medir si la recuperación ambiental realmente está produciendo resultados.
Ahí aparece nuevamente la importancia del monitoreo.
¿Qué podría revelar el ADN que hoy todavía no sabemos?
Por ahora, el sistema apenas comienza.
No existe todavía un listado de nuevos animales descubiertos mediante esta tecnología ni resultados que permitan afirmar que determinadas poblaciones aumentaron o disminuyeron.
Eso llegará —si los estudios lo permiten— cuando las muestras, las fotografías y la información acumulada puedan analizarse y compararse.
Y justamente ahí está la parte más interesante de la apuesta.
Las 30 cámaras trampa registrarán lo que pueda verse.
El ADN ambiental buscará pistas de aquello que quizás nunca se dejó fotografiar.
Entre raíces, agua, barro y vegetación, el manglar podría empezar a contar una historia que hasta ahora permanecía escondida. La verdadera prueba será descubrir qué dice esa información y, sobre todo, qué harán las autoridades con ella para proteger uno de los ecosistemas más estratégicos del Caribe colombiano.
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