Al comienzo de la guerra, se pensaba que Irán no podría cerrar Ormuz de forma prolongada y que el flujo de petróleo continuaría con perturbaciones parciales hasta restablecerse de manera gradual. Estas expectativas, asentadas en décadas de análisis estratégicos y simulaciones y en las dos guerras del Golfo precedentes, cuando petroleros y metaneros siguieron transitando por el estrecho, se han mostrado equivocadas.
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