La violencia intrafamiliar alcanzó en 2026 su nivel más crítico en los últimos ocho años en Bogotá: aumentó 23,9 por ciento y golpea principalmente a niños y mujeres. CAMBIO analizó los registros oficiales que revelan el perfil de las víctimas y las localidades más afectadas.

En Bogotá, la inseguridad tiene escenas que sus habitantes conocen de memoria: el celular arrebatado en la esquina, asaltantes armados que entran a los restaurantes, retrovisores arrancados de un tirón. Unos las han vivido en carne propia; la mayoría las conoce por videos que ruedan en redes sociales. Por eso suele pensarse que el peligro en Bogotá está solo en las calles. Pero hay otra violencia, que no suele quedar registrada en video, una más silenciosa y que está aumentando cada vez con más fuerza en la capital: la que ocurre dentro de las casas.

En lo que va corrido del año, la violencia intrafamiliar aumentó 23,9 por ciento y llegó a 38.970 casos, la cifra más alta registrada para ese periodo desde 2018. Son 7.525 casos más que durante los mismos meses del año anterior. Este aumento contrasta con la disminución en varios de los delitos de alto impacto.

La reducción más significativa  en este tipo de delitos corresponde al hurto a personas, que cayó 13,9 por ciento, al pasar de 88.114 casos entre enero y agosto de 2025 a 75.863 en el mismo periodo de 2026. También disminuyeron los delitos sexuales, 10,8 por ciento; el hurto a comercio, 8,3 por ciento; los homicidios, 7,4 por ciento; el hurto de automotores, 6,3 por ciento, y el hurto de motocicletas, 3,7 por ciento.

Al agrupar los seis delitos que disminuyeron en el conjunto de la ciudad, las mayores reducciones en número de casos se registraron en Suba, Engativá, Kennedy y Ciudad Bolívar.

Aunque el hurto a personas tuvo uno de los descensos más significativos entre los delitos de alto impacto en Bogotá, el comportamiento fue diferente entre localidades. Ciudad Bolívar presentó la mayor caída, con 25,2 por ciento; le siguieron Tunjuelito, con 22,8 por ciento, y Usme, con 21,6 por ciento. En el extremo contrario, Bosa fue la única localidad donde el hurto a personas aumentó, con un crecimiento de 5,3 por ciento frente al mismo periodo de 2025.

Motos y bicicletas

Los hurtos de vehículos también disminuyeron. Los casos de hurto de automotores cayeron 6,3 por ciento, al pasar de 2.176 a 2.039, mientras los de motocicletas bajaron 3,7 por ciento, de 3.060 a 2.947.

Homicidios

Los homicidios también disminuyeron durante los primeros ocho meses de 2026. Bogotá pasó de 799 casos en 2025 a 740 en 2026, una reducción de 7,4 por ciento. El análisis por localidades muestra diferencias importantes en la magnitud y dirección de esa variación.

Los delitos que aumentaron

Cinco de los 11 delitos de alto impacto analizados aumentaron entre enero y agosto de 2026 frente al mismo periodo del año anterior: la violencia intrafamiliar, con un incremento de 23,9 por ciento; las lesiones personales, con 20,2 por ciento; el hurto de bicicletas, con 9,4 por ciento; el hurto a residencias, con 6,8 por ciento, y el hurto de celulares, con 5,1 por ciento. El comportamiento, sin embargo, varía de manera importante entre localidades.

La violencia intrafamiliar alcanza su nivel más alto

El aumento de la violencia intrafamiliar no solo rompe con la mejoría registrada en buena parte de los delitos de alto impacto, sino que llega a su punto más alto. Entre enero y agosto de 2026 se contabilizaron 38.970 casos en Bogotá, 7.525 más que durante los mismos meses de 2025, es decir, un aumento de 23,9 por ciento. Es, además, la cifra más alta registrada para ese periodo en los últimos nueve años.

El aumento ha sido sostenido. En 2023 se registraron 20.331 casos; en 2024 fueron 27.209; en 2025, 31.445, y en 2026 llegaron a 38.970. Esto significa que, en apenas tres años, los registros aumentaron 91,7 por ciento.

El crecimiento también se extendió por buena parte de la ciudad. Frente a 2025, 14 de las 20 localidades registraron aumentos. Los mayores incrementos porcentuales se presentaron en Usme, con 63,1 por ciento; Bosa, con 62,6 por ciento, y San Cristóbal, con 48,4 por ciento. En números absolutos, Bosa tuvo 1.371 casos adicionales; San Cristóbal, 794, y Usme, 727.

Las mayores cantidades de casos se registraron en Kennedy, con 3.927; Ciudad Bolívar, con 3.912; Suba, con 3.700, y Bosa, con 3.561. La base de datos publicada por la Secretaría Distrital de Seguridad también contiene 4.111 registros, equivalentes al 10,5 por ciento del total, que no están asociados con una localidad específica.

Mujeres y menores de edad, las principales víctimas

El Sistema de Vigilancia de la Violencia Intrafamiliar y de Género (SIVIM), de la Secretaría Distrital de Salud, es la herramienta con la que el Distrito hace seguimiento epidemiológico a los casos notificados de violencia intrafamiliar y de género. Su información permite identificar características de las víctimas, tipos de violencia, relación con los agresores y distribución territorial de los casos, y sirve como insumo para orientar acciones de prevención, atención y protección.

Durante el primer semestre de 2026, SIVIM registró 25.660 presuntas víctimas. De ellas, 16.828 eran menores de 18 años, es decir, el 65,6 por ciento.

Entre las 8.832 víctimas adultas registradas, 7.393 eran mujeres, es decir, el 83,7 por ciento. Además, en 3.087 casos el agresor registrado era la pareja y, en 2.021, la expareja. En conjunto, pareja y expareja representan 57,8 por ciento de los registros correspondientes a víctimas adultas.

La distribución territorial registrada por la Secretaría de Salud coincide en varios puntos con los registros policiales. Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar y Bosa aparecen entre las cuatro localidades con más casos en ambos sistemas, aunque los periodos analizados y las metodologías utilizadas para construir las bases de datos son diferentes.

La base de SIVIM también permite establecer la escolaridad y el país de procedencia de las víctimas, pero no contiene esa información sobre los agresores. Entre los adultos registrados en 2026, el nivel educativo más frecuente fue secundaria completa, con 40,2 por ciento, seguido de formación técnica postsecundaria completa, con 14,3 por ciento, y universidad completa, con 10,5 por ciento.

En cuanto al país de procedencia, 24.163 de las 25.660 víctimas registradas, el 94,2 por ciento, procedían de Colombia, mientras que 1.469, el 5,7 por ciento, procedían de Venezuela. Los demás países representaron una proporción marginal de los registros.

Las respuestas del Distrito

CAMBIO consultó a las secretarías de Seguridad e Integración Social sobre el aumento de la violencia intrafamiliar en Bogotá. Ambas entidades reconocen la gravedad del fenómeno, pero señalan que el crecimiento de los registros también puede estar relacionado con una mayor denuncia, mejores rutas de atención y una mayor capacidad institucional para identificar y atender los casos.

La Secretaría de Seguridad señala que detrás del fenómeno persisten factores como el hacinamiento, la dependencia económica, la pobreza, la desigualdad y las tensiones familiares. Según la entidad, la intolerancia es el principal detonante identificado en los casos analizados, seguida por el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas.

Integración Social reportó que, entre enero y agosto de 2026, las Comisarías de Familia atendieron 32.608 víctimas de violencia en el contexto familiar. El 71 por ciento eran mujeres y la violencia psicológica estuvo presente en el 87 por ciento de las atenciones. La entidad señaló que el aumento también puede estar relacionado con una mayor capacidad institucional para atender las denuncias. En 2025, Bogotá pasó de 52 a 57 equipos comisariales y la meta de la administración es llegar a 67. 

El personero de Bogotá, Andrés Castro, aseguró a CAMBIO que la Personería ha observado un incremento entre 2025 y 2026 en sus intervenciones como ministerio público ante las Comisarías de Familia en procesos relacionados con medidas de protección. 

Castro pidió que la respuesta no quede únicamente en manos del Distrito. A su juicio, se requieren acciones coordinadas entre entidades distritales y nacionales, organismos de control y entidades como el ICBF, con énfasis en prevención, pedagogía y fortalecimiento de la convivencia. El personero advirtió que los esfuerzos existentes pierden impacto cuando las entidades actúan de manera desarticulada.

La salud mental, otra pista por seguir

El aumento de la violencia intrafamiliar ocurre, además, en medio de un crecimiento sostenido de la demanda de atención en salud mental en Bogotá. Las intervenciones de la Línea 106 pasaron de 55.647 en 2020 a 159.879 en 2025 y, durante el primer semestre de 2026, ya sumaban 93.552.

Los indicadores de atención también muestran un deterioro posterior a la pandemia. La ansiedad se mantiene como uno de los principales motivos de consulta en salud mental y las atenciones por este trastorno aumentaron durante los años posteriores a los confinamientos. Un estudio realizado por la Secretaría Distrital de Salud en 2023 encontró, además, que cerca de una tercera parte de los bogotanos consideró que la pandemia había afectado mucho o medianamente su salud mental.

Sin embargo, no se puede concluir que los problemas de salud mental sean la causa del aumento de la violencia intrafamiliar. Tampoco existe una coincidencia territorial suficiente para establecer esa relación. Pero sí se abre un interrogante sobre el peso que pueden tener el estrés acumulado, los conflictos familiares, las dificultades económicas, las cargas de cuidado y otras tensiones sociales y emocionales en el deterioro de la convivencia dentro de los hogares.

La propia vigilancia epidemiológica de Bogotá ha identificado los conflictos familiares, las dificultades en las relaciones entre padres e hijos y los problemas asociados con las prácticas de crianza entre los factores vinculados con eventos graves de salud mental. Determinar si esas mismas tensiones están relacionadas con el aumento de la violencia intrafamiliar es una labor que debe hacer de manera urgente la administración de Bogotá.

 

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