Periodista de vasta trayectoria, Catalina Gallo ha sido una abanderada de la conversación abierta sobre salud mental. Autora de varios libros de no ficción que abordan el tema, incursiona en la literatura con la novela ‘No estaré vacía’.
Un consultorio donde Carlota le cuenta su vida un siquiatra que se mantiene en silencio a lo largo de toda la novela es el escenario donde se desarrolla No estaré vacía, la primera novela que escribe Catalina Gallo.
La protagonista nunca pudo cargar a su hijo cuando nació, y décadas después reconstruye la historia de su vida a través de conversaciones con el siquiatra en las que emerge un mundo en el que dominan las mujeres: a extraordinaria genealogía de mujeres: una madre y cuatro tías, que en una caja de chocolates escondieron el secreto que nunca se atrevieron a contar. Las historias de esas mujeres y de esa familia muestran que la vida está matizada por una amplia gama de grises y que, en el fondo, la vida no puede limitarse a la simpleza del blanco o el negro como únicas dos posibilidades. No estaré vacía es una invitación a las mujeres para que decidan vivir en vez de adaptarse a las normas convencionales vivir, aun cuando amar lleve a aceptar lo imposible.
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Catalina Gallo es comunicadora social y periodista con un máster en Edición y Gestión Editorial. Durante varios años fue editora y reportera en diversos medios de comunicación y escribió los libros Mi bipolaridad y sus maremotos (Planeta, 2016) y Las niñas aprendemos en silencio (2022). Además, es coautora de los libros La belleza de la locura (2024) y Un experto responde 150 preguntas sobre ansiedad y depresión en niños, niñas y adolescentes (2025). Es periodista independiente y es profesora de escritura. CAMBIO habla con ella sobre No estaré vacía, su primera incursión en la narrativa de ficción.
CAMBIO: ¿Cómo nació la idea de escribir esta novela
Catalina Gallo: La idea nació hace treinta años porque me pregunté cómo sería quedar viuda con un hijo recién nacida en una familia llena de mujeres. A partir de ahí ya introduje la enfermedad como algo que muchas veces nos define nuevos rumbos. Hace treinta años escribí una primera versión que dejé guardada porque pensaba que no era publicable y creí que definitivamente yo no iba a intentar hacer algo literario. Muchos años después, en 2022, escribí y publiqué Las niñas aprendemos en silencio, que es un libro literario, y entonces pensé que valía la pena intentarlo otra vez. Apareció un taller de novela de Idartes con Pedro Badrán, retomé la historia y así se concretó la novela.
CAMBIO: ¿Se basa en algún hecho real?
C. G.: No, todo es ficción. Lo único que puede ser similar a mi vida es que somos tres hermanas y yo soy la menor, como Carlota, la protagonista, y que crecí rodeada de muchas tías como ella, pero esas similitudes salieron de la idea original de escribir sobre un entorno totalmente feminino y sobre aquellas mujeres que lograron colarse entre las fisuras que deja abiertas al machismo y por donde muchas se han colado para tomar sus decisiones en libertad. Tal vez en silencio, como las mujeres de la novela, pero libres, al fin y al cabo.

CAMBIO: ¿Por qué escogió que la trama fueran las conversaciones o más bien monólogos en las citas con su siquiatra
C. G.: En la primera versión había una escena, que quedó en el libro definitivo, en la que Carlota va al psiquiatra y llega de muy mal genio a la cita. Cuando Pedro la leyó en el taller me hizo la propuesta de utilizar el recurso de las citas con el psiquiatra para contar toda la novela. Al principio fui un poco reacia por lo que he escrito mucho sobre salud mental, entonces no quería “siquiatrizar” todos mis libros, pero una vez hice el ensayo con la propuesta de Pedro, la novela fluyó de maravilla y el personaje se mostró en todas sus dimensiones. Le doy las gracias a Pedro.
CAMBIO: Usted se ha destacado por su valor para escribir sobre su trastorno bipolar. ¿En su concepto qué tanto ha ayudado a la población en general y en términos prácticos que estos temas se hablen abiertamente?
C. G.: Por mi parte, creo que he puesto un granito de arena con mis libros. El primero, Mi bipolaridad y sus maremotos, salió en 2016 y todavía me escriben personas dándome las gracias por haberlo escrito. De hecho, en este momento lo están leyendo en un club de lectura virtual de trastorno afectivo bipolar en el que participan pacientes y familiares de diferentes países. Yo sé que no he cambiado el mundo, pero sí sé que hay personas que se han sentido menos solas después de leerlo y que otras han entendido a su familiar con un trastorno afectivo bipolar. Yo celebro todas las conversaciones sobre salud mental y creo que hablar abiertamente del tema siempre va a contribuir a derrumbar la ignorancia y prejuicios que aún existen y siempre va a ayudar a muchas personas a encontrar respuestas o a pedir ayudar. Soy una convencida de que hablar de salud mental puede salvar vidas.
CAMBIO: ¿Siguen siendo tema tabú?
C. G.: La conversación mundial sobre la salud mental cambió totalmente con la pandemia, ahora el mundo es mucho más abierto al tema y también las nuevas generaciones. Los jóvenes de hoy hablan con mayor naturalidad de sus enfermedades mentales, ya son muchas las personas famosas y no famosas que exponen sus historias y sus casos en redes sociales, también hay muchos podcasts con psicólogos y psiquiatras sobre el tema. Todo esto es muy positivo. Desafortunadamente, en algunas culturas y creencias el estigma sigue vigente, por eso es tan importante seguir hablando y escribiendo sobre el tema.
CAMBIO: ¿Ha recibido por sus libros alguna reacción o retroalimentación por parte de sicólogos o siquiatras?
C. G.: Sí, varios psiquiatras los han recomendado a sus pacientes. Pero la novela es muy diferente, espero que los amantes de las buenas historias se la recomienden a otros amantes de buenas historias.