Los hutíes pasaron de ser un movimiento insurgente a controlar zonas estratégicas de Yemen. Su autonomía política, sus vínculos con Irán y su capacidad de amenazar el tránsito por el mar Rojo los convierten en un actor con impacto internacional.

El Gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita, anunció una nueva ofensiva militar para recuperar los territorios que permanecen bajo control de los hutíes, en medio de una escalada que volvió a situar al país en el centro de la crisis de Medio Oriente.

El anuncio del presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, Rashad al-Alimi, se produjo tras nuevos avances territoriales de los hutíes en la costa del mar Rojo y en un contexto marcado por la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. La relación entre Ansar Allah, como también se conoce al movimiento hutí, y Teherán añade otra dimensión al conflicto: aunque Irán ha contribuido a fortalecer sus capacidades militares, los hutíes mantienen objetivos políticos y territoriales propios dentro de Yemen. Su vínculo con Teherán cobra especial relevancia por el papel que el movimiento puede desempeñar en la confrontación regional.

Una de las principales preocupaciones es la capacidad de los hutíes para amenazar la navegación en el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una vía marítima clave para el comercio entre Asia y Europa a través del canal de Suez. Por allí transitan mercancías y productos energéticos destinados a distintos mercados del mundo. Los ataques contra embarcaciones o las amenazas a la navegación pueden obligar a las navieras a desviar sus rutas, aumentar los tiempos de tránsito y encarecer los fletes, además de generar alteraciones en las cadenas de suministro internacionales, con posibles repercusiones para países como Colombia.

La nueva ofensiva plantea interrogantes sobre la capacidad del Gobierno yemení para recuperar el territorio perdido y sobre los factores que han permitido a los hutíes consolidarse como una fuerza política y militar con influencia regional.

Los hutíes no nacieron con la guerra actual

Aunque en los medios internacionales se les conoce como hutíes, por el apellido de la familia que ha liderado el movimiento, su nombre es Ansar Allah, que puede traducirse como “los partidarios de Dios”. El profesor Felipe Medina Gutiérrez, docente de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Javeriana, habló con CAMBIO y advirtió que llamar hutí a todo el grupo puede resultar impreciso, porque no todos sus integrantes pertenecen a la familia al-Hutí.

Medina propone entender Ansar Allah más allá de su liderazgo familiar. En sus palabras, se trata de “un verdadero movimiento de masas, una expresión política y social que incluye varios componentes de masas de la sociedad yemení”.

Sus raíces se encuentran en el norte de Yemen, particularmente en la gobernación de Sa’dah, donde durante las décadas de 1980 y 1990 se produjo un proceso de revitalización de la identidad religiosa zaidí, una rama del chiismo con una presencia histórica importante en Yemen.

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Los hutíes, o Ansar Allah, surgieron en el norte de Yemen y hoy controlan zonas donde vive buena parte de la población. Crédito: Reuters

El movimiento se articuló alrededor de figuras como Hussein al-Hutí, quien desarrolló un discurso crítico frente al Gobierno yemení y frente a la influencia de Estados Unidos e Israel en la región. Las tensiones con el Estado desembocaron en las llamadas guerras de Sa’dah, seis rondas de enfrentamientos entre los hutíes y las fuerzas gubernamentales que se desarrollaron entre 2004 y 2010.

La muerte de Hussein al-Hutí en 2004 no acabó con el movimiento. Por el contrario, contribuyó a convertirlo en una figura de referencia para sus seguidores. Tras su muerte, el liderazgo pasó a su familia y posteriormente a su hermano Abdelmalek al-Hutí, quien continúa siendo el principal dirigente de Ansar Allah.

Manuel Alejandro Rayran Cortés, docente e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, explicó a CAMBIO que las seis guerras de Sa’dah fueron determinantes para el fortalecimiento del movimiento. Según el académico, los enfrentamientos le permitieron acumular experiencia militar, consolidar su presencia territorial y ampliar su influencia política e ideológica.

De insurgencia regional a actor nacional

El siguiente punto de quiebre llegó con las protestas de 2011, durante la llamada Primavera Árabe. Los hutíes participaron en las movilizaciones contra el entonces presidente Ali Abdullah Saleh, pero la transición política posterior no logró resolver las tensiones internas de Yemen.

Saleh dejó el poder y fue reemplazado en 2012 por Abdo Rabu Mansur Hadi, en un proceso respaldado por el Consejo de Cooperación del Golfo. Sin embargo, Hadi llegó a la Presidencia en unas elecciones sin competencia y en medio de un escenario político profundamente fragmentado.

Rayran explica que entre 2012 y 2013 el movimiento consiguió mayor respaldo dentro de algunos sectores de la sociedad yemení, mientras avanzaba territorialmente hacia Saná. En 2014, además, logró capitalizar las protestas provocadas por la eliminación de subsidios al combustible.

Ese avance culminó en 2014, cuando los hutíes entraron en Saná y tomaron el control de buena parte de las instituciones. Hadi fue detenido, aunque posteriormente logró escapar y trasladarse a Arabia Saudita.

Fue entonces cuando el conflicto dejó de ser principalmente una disputa interna yemení y adquirió una dimensión regional mucho más marcada.

En marzo de 2015, Arabia Saudita encabezó una coalición militar para respaldar al Gobierno de Hadi y combatir a los hutíes. La intervención no consiguió expulsarlos de Saná ni recuperar las principales zonas que habían conquistado.

Para Rayran, uno de los factores que ha dificultado la derrota de los hutíes es la fragmentación interna de las fuerzas que se oponen al movimiento y su dependencia del apoyo externo. Aunque el Gobierno reconocido internacionalmente cuenta con respaldo militar y económico de otros países, no ha logrado consolidar su poder territorial ni enfrentar de manera efectiva a Ansar Allah.

«Un desempeño militar mediocre, marcado por la fragmentación interna y la dependencia externa» explica el investigador. 

Entre los actores que se han enfrentado a los hutíes figuran fuerzas del Ejército Nacional Yemení, milicias tribales y el Consejo de Transición del Sur, que defiende la independencia del sur de Yemen. También operan en el país organizaciones yihadistas como Al Qaeda en la Península Arábiga y el Estado Islámico, aunque sus objetivos y sus relaciones con otros actores del conflicto son diferentes.

Estas fuerzas no constituyen un bloque homogéneo: sus objetivos políticos y militares no siempre coinciden y, en ocasiones, algunos de estos actores también han protagonizado enfrentamientos entre sí.

El territorio que controlan explica buena parte de su poder

Actualmente, Yemen continúa dividido entre distintos actores. Aunque el Gobierno internacionalmente reconocido controla una extensión territorial mayor, los hutíes dominan zonas en las que vive una parte considerable de la población yemení. Según Rayran, este control territorial, sumado a su posición estratégica, les permite ejercer una influencia que trasciende su capacidad militar.

Los hutíes también han construido instituciones propias. Felipe Medina explica que “Ansar Allah funciona, como un Estado paralelo al otro gobierno yemení radicado en el sur en Aden principalmente”.

El movimiento estableció un Gobierno de Salvación Nacional y un Consejo Político Supremo, encabezado formalmente por Mahdi al-Mashat, político yemení del movimiento hutí que asumió la presidencia de este órgano en 2018. También mantiene ministerios, un parlamento e instituciones que buscan dar continuidad administrativa a las zonas bajo su control. Sin embargo, el liderazgo político y militar está fuertemente concentrado alrededor de Abdul-Malik al-Hutí.

Para Rayran, los vínculos religiosos, tribales y políticos han contribuido a mantener la cohesión interna del movimiento y su capacidad de adaptación después de años de guerra.

«Ellos tienen sus propias milicias y, aunque a veces dialogan con otros actores, como el Ejército Nacional de Yemen, no existe una coherencia ni una articulación entre ellos. Eso hace que tampoco logren golpear de manera directa a los hutíes» explica Rayran

A esa estructura se suman capacidades militares basadas en tecnologías relativamente baratas, especialmente drones y misiles, que permiten a los hutíes atacar objetivos con recursos mucho menores que los de sus adversarios. De esta manera, pueden amenazar la infraestructura energética, las ciudades y las rutas marítimas de Estados con ejércitos y sistemas tecnológicos considerablemente más poderosos.

No es solamente una guerra entre sunitas y chiitas

La dimensión religiosa es importante para entender a los hutíes, pero los expertos consultados coinciden en que sería insuficiente explicar la guerra de Yemen únicamente como una disputa religiosa. Como señala Rayran, “este no es un conflicto exclusivamente religioso”.

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Los hutíes pertenecen al zaidismo, una rama del chiismo con diferencias doctrinales frente al que predomina en Irán. Crédito: Magnific

Los hutíes pertenecen al zaidismo, una rama del chiismo que tiene diferencias doctrinales con el chiismo duodecimano, predominante en Irán y que reconoce a doce imanes como sucesores legítimos. Sobre una de esas diferencias, Rayran explica «para los chiitas zaidíes de Yemen no existe una sucesión hereditaria fija de los imanes como ocurre en Irán».

Estas diferencias religiosas también contribuyen a explicar la confrontación entre los hutíes y organizaciones como Al Qaeda en la Península Arábiga. Sin embargo, según Rayran, el conflicto también responde a intereses políticos, económicos y geopolíticos, tanto internos como externos, que impiden reducirlo a las diferencias entre las ramas del islam.

Bab el-Mandeb: el punto geográfico que convirtió a los hutíes en un actor regional

El estrecho de Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y, por esa vía, con el océano Índico. Su ubicación lo convierte en un punto estratégico para las rutas marítimas entre Europa y Asia que utilizan el canal de Suez.

Una parte de la costa yemení próxima a este paso se encuentra bajo control hutí. Esa posición les proporciona capacidad para amenazar el tránsito marítimo y ejercer presión más allá de las fronteras de Yemen.

Julio Londoño Paredes, profesor de Política Internacional de la Universidad del Rosario, explicó a CAMBIO que la rivalidad entre suníes y chiíes es uno de los telones de fondo de las tensiones de Medio Oriente. Sin embargo, también destacó el peso de los intereses geopolíticos en la región. “En el fondo, hay una ambición geopolítica del control de los estrechos”, sostuvo.

“Es una posición absolutamente fundamental desde el punto de vista geopolítico y geográfico”, explica Londoño sobre Bab el-Mandeb.

Cerca del estrecho se encuentra Yibuti, que alberga instalaciones militares de distintas potencias internacionales, entre ellas Estados Unidos, China, Francia, Japón e Italia. La disputa por Bab el-Mandeb ocurre, por tanto, en un espacio donde confluyen intereses militares, energéticos y comerciales de numerosos países.

En ese contexto, Rayran señala que la posición estratégica de los hutíes les otorga un peso que trasciende el territorio yemení. “Guste o no, los convierte en un actor de negociación, un actor con el que hay que hablar”.

La relación con Irán: aliados, pero no simplemente una “marioneta”

Uno de los elementos más recurrentes en la explicación internacional sobre los hutíes es su relación con Irán.

Teherán ha respaldado al movimiento y los vínculos entre ambos se han profundizado durante las últimas décadas. Los hutíes han recibido asistencia militar y tecnológica, incluidos conocimientos y componentes relacionados con drones y misiles. Distintos análisis también han señalado posibles aportes financieros iraníes, una afirmación que debe estar respaldada por fuentes específicas.

Sin embargo, reducir a Ansar Allah a un brazo de Teherán impide comprender sus objetivos dentro de Yemen. Felipe Medina insiste en que el movimiento tiene una agenda política propia, construida a partir de la realidad yemení. Rayran coincide en que sus intereses internos y su trayectoria política impiden considerarlo un actor completamente subordinado a Irán.

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Irán ha respaldado militarmente a los hutíes, aunque expertos advierten que el movimiento tiene agenda propia. Crédito: Magnific

Su discurso combina la oposición a la influencia de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita con reivindicaciones nacionalistas y críticas a las injerencias extranjeras.

Londoño, por su parte, sitúa a los hutíes dentro de la estrategia regional de Irán, junto con otros actores como Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza.

La relación tiene, entonces, dos dimensiones: Irán obtiene ventajas estratégicas al contar con un aliado capaz de presionar a sus rivales desde el sur de la península arábiga, mientras que los hutíes aprovechan el respaldo iraní sin dejar de perseguir sus propios objetivos políticos y territoriales en Yemen.

De la guerra yemení al conflicto entre Israel y Palestina

La causa palestina también ha servido para ampliar la proyección regional de los hutíes. Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en Gaza, Ansar Allah comenzó a atacar embarcaciones que, según sus declaraciones, tenían vínculos con Israel o se dirigían hacia ese país.

Felipe Medina explica que las operaciones de Ansar Alá en el mar Rojo comenzaron como una forma de protesta contra las operaciones israelíes en Gaza. Sin embargo, con el tiempo, el movimiento identificó el potencial de estos ataques como mecanismo de presión económica. 

«Luego, se observó el impacto de este mecanismo de presión y tras sobrevivir el enfrentamiento con 🇺🇸 entendieron que es una táctica barata para ellos pero de gran impacto en la economía capitalista global» señala Medina.

Estas operaciones alteraron las rutas comerciales del mar Rojo y provocaron una respuesta militar de Israel y Estados Unidos, convirtiéndose en una herramienta de presión geopolítica.

En el ámbito interno, la movilización en torno a Palestina también ha tenido efectos políticos. Medina señala que las manifestaciones de apoyo han sido masivas y contribuyen a la popularidad del movimiento.

¿Por qué Arabia Saudita no ha podido derrotarlos?

La incapacidad de la coalición respaldada por Arabia Saudita para derrotar a los hutíes no se explica únicamente por la diferencia de capacidades militares. Como señala Rayran, las fuerzas contrarias a Ansar Allah reúnen proyectos políticos distintos y no siempre logran coordinarse. A esa fragmentación se suma la capacidad de los hutíes para combinar control territorial, organización política y guerra irregular.

Londoño señala que Arabia Saudita es una potencia militar y económica de la región y considera que debe tener capacidad para neutralizar las acciones de los hutíes. Sin embargo, advierte que no cree que Estados Unidos vaya a intervenir activamente en el estrecho de Bab el-Mandeb, especialmente porque ya afronta tensiones con Irán en el estrecho de Ormuz.

«No creo que Estados Unidos, después de que está metido en problemas con Irán en el estrecho de Ormuz, se vaya a meter también activamente en este estrecho de Bab el-Mandeb» , afirma el experto.

Una guerra que tampoco parece tener una salida sencilla

La guerra yemení ha atravesado diferentes intentos de negociación y procesos de desescalada. La tregua acordada en 2022 redujo los combates durante un periodo, pero no resolvió la división política ni territorial. En julio de 2026, el alto al fuego colapsó y los enfrentamientos se intensificaron nuevamente, en un escenario marcado por la reanudación de las operaciones militares y el anuncio de una nueva ofensiva del Gobierno reconocido internacionalmente.

Para Rayran, uno de los obstáculos para resolver el conflicto es mantener una interpretación de la Resolución 2216 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en 2015, sin tener en cuenta los cambios ocurridos desde entonces. La resolución, entre otras medidas, pidió a los hutíes retirarse de las zonas que habían tomado por la fuerza.

Desde entonces, los hutíes han consolidado territorio, desarrollado instituciones, ampliado sus capacidades militares y aumentado su influencia sobre una parte importante de la población. Por eso, Rayran considera necesario reconocer la existencia de gobiernos rivales y avanzar hacia un diálogo entre actores yemeníes, con acompañamiento internacional, sin asumir que la solución consiste simplemente en devolver el país al escenario anterior a 2014.

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Yemen vive una guerra desde 2014 que ha dejado miles de víctimas y sigue sin una salida política clara. Crédito: Reuters

Incorporar a los hutíes a una eventual estructura política será uno de los mayores desafíos para una negociación. Sin embargo, esa posibilidad también plantea interrogantes sobre el ejercicio de su poder. Medina destaca que Ansar Allah ha construido un aparato de poder autoritario y que existen señalamientos relacionados con violaciones de derechos humanos y dificultades en la prestación de servicios.

El reto consiste en encontrar una fórmula política que tenga en cuenta la realidad del movimiento sin desconocer las críticas a su forma de gobernar.

El futuro de Yemen pasa por un actor que ya no puede ignorarse

La nueva ofensiva anunciada por el gobierno de Al-Alimi vuelve a poner a prueba una estrategia que, durante años, no ha conseguido derrotar a los hutíes por la vía militar. Ansar Allah se ha consolidado como una fuerza política y militar con control territorial, instituciones propias y capacidad para influir en la seguridad de las rutas marítimas de la región.

El desafío para Yemen consiste en encontrar una salida política que tenga en cuenta la distribución actual del poder, sin desconocer los cuestionamientos al gobierno hutí ni las consecuencias de sus actuaciones para la población. Mientras persistan las disputas internas y no exista una fórmula de negociación viable, el país seguirá expuesto a nuevas escaladas con repercusiones que pueden superar sus fronteras.

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