María Esther Panesso Mercado, cuyo nombre artístico ahora es María Mercado, llega al Carrousel du Louvre donde presentará, del 20 al 25 de octubre, una propuesta inspirada en la mujer, la identidad y la memoria afrocolombiana.

María Esther Panesso Mercado, conocida en el mundo del arte como María Mercado, presentará su obra del 20 al 25 de octubre en el Carrousel du Louvre. La muestra llega a París después de un recorrido por Nueva York, Tokio, Miami, Roma y Ciudad de México, y de su participación en 2025 en el Salon d’Automne de París.

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La mujer ha sido un tema recurrente en su obra y en esta ocasión ha fijado su mirada en las de San Basilio de Palenque y la identidad afrocolombiana desde el Caribe. Como su madre es de Sincelejo, la cultura costeña forma parte de su historia familiar.

Formada en Derecho y Administración de Negocios Internacionales, y durante años como abogada especializada en Derecho de Familia, en 2020, durante la pandemia y el confinamiento, retomó la pintura y comenzó a publicar sus obras en redes sociales. Su reencuentro con una pasión de infancia terminó convirtiéndose en una nueva etapa profesional. CAMBIO habló con ella acerca de su trabajo como abogada y artista enfocada a exaltar la tenacidad y la fortaleza de las mujeres.

CAMBIO: ¿Cómo llegó su obra al Carrousel del Louvre?
María Mercado: Ha sido el resultado de años de disciplina, pasión y de creer firmemente en el mensaje que transmite mi arte. Mi obra fue elegida para la exhibición internacional Art Shopping tras un riguroso proceso de curaduría que evaluó tanto el concepto técnico de la pieza como mi trayectoria artística. Este recorrido incluye hitos de gran significado para mí, como haber sido la primera colombiana en exponer en el museo Beka, de Nueva York, en el Rockefeller Center, y haber participado en ArtExpo New York y presentado mi trabajo el año pasado en el histórico Salon d’Automne, en París.

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CAMBIO: ¿Qué significa para usted la mujer palenquera
M. M.: Que la obra seleccionada este año sea una representación de las mujeres palenqueras me llena de un orgullo profundo. Llevar su fuerza, su dignidad y la riqueza cromática de nuestra cultura a uno de los escenarios artísticos más emblemáticos del mundo es una oportunidad única para mostrar la cara positiva, vibrante y resiliente de Colombia. Más allá del reconocimiento personal, lo que verdaderamente me llena de felicidad es poder estar por segundo año consecutivo en París representando a Colombia a través de una historia viva que habla de nuestras raíces y nuestra identidad.

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María Mercado.

CAMBIO: Las mujeres palenqueras han sido representadas en muchas ocasiones. ¿En qué basó usted su mirada para presentarlas de una manera original?
M. M.: Mi mirada hacia las mujeres palenqueras nace del profundo respeto por su legado histórico y cultural. Más allá de la estampa tradicional, quise enfocarme en su postura, en la dignidad de su andar y en la riqueza cromática que proyecta como guardiana de la tradición y la libertad. Utilizando texturas marcadas con espátula, acrílico y óleo, busco que el espectador no solo las observe sino que sienta la fuerza viva de su presencia, la calidez de su tierra y la majestuosidad con la que llevan consigo la historia de todo un pueblo.

CAMBIO: La mujer ha sido un tema recurrente en su vida de artista y también como abogada. ¿Qué la ha impulsado a abordar ese tema de manera tan recurrente?
M. M.: Mi conexión con la figura femenina no es una elección estética casual; es una vivencia íntima y la columna vertebral de mi vida. Crecí al lado de mi madre, una mujer cabeza de hogar que fue mi primer gran referente de valentía y tenacidad. A través de ella entendí lo que significa construir a pulso. Más adelante, en mi ejercicio como abogada de familia, viví de cerca las batallas cotidianas, las vulnerabilidades, pero sobre todo la inmensa capacidad de resiliencia de miles de mujeres. En Colombia, según cifras del DANE, cerca del 46,4% de los hogares están liderados por mujeres, y de ellas, el 69% asume esa responsabilidad completamente sola, sin pareja. Convivir con esa realidad me transformó profundamente y me hizo comprender la urgencia de darle voz y lugar a su liderazgo.

Por todo esto, en mi lienzo la figura femenina deja de ser solo un sujeto de representación estética para convertirse en un símbolo de poder, dignidad, memoria y protección. No abordo a la mujer desde la victimización, sino desde la grandeza de su fuerza. Me impulsa el deseo de honrar sus historias, darles luz y recordar que en cada mujer habita una fuerza transformadora capaz de sostener familias y de reescribir realidades.

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CAMBIO: ¿Cómo ha hecho usted para abrirse paso en el mundo del arte?
M. M.: Haber asumido el reto de posicionarme como artista en el circuito internacional me ha confrontado con la dureza de un sector donde abrirse paso exige un carácter inquebrantable. A pesar de los avances, las estadísticas globales del mercado del arte muestran que las mujeres representan menos del 15% de las obras expuestas en las colecciones permanentes de los principales museos del mundo y una fracción mínima en las grandes subastas. Tocar puertas fuera de mi país, abrirme camino como artista independiente y conquistar espacios en plazas tan exigentes como Nueva York o París, me ha demostrado que el camino para nosotras requiere el doble de determinación y coraje.

CAMBIO: ¿De qué manera ha continuado desde el arte el trabajo que hizo como abogada en favor de la mujer y la familia
M. M.: El derecho y el arte son dos caminos que buscan lo mismo: la dignidad humana. En los tribunales busco proteger los derechos y brindar amparo a las familias; en el taller, busco sanar, visibilizar y emocionar. Mi obra es una extensión de esa defensa: cada lienzo dedicado a la mujer es un acto de reivindicación, un espacio para recordar su valor intrínseco y la importancia del núcleo familiar como tejedores de sociedad. Yo sigo ejerciendo como abogada y es mi gran fuente de inspiración para llegar al lienzo en las noches a pintar.

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CAMBIO: Háblenos de su afición por el arte. ¿Cuándo empezó, y por qué la dejó por el derecho para luego retomarla
M. M.: El arte nunca fue una afición pasajera: siempre ha sido mi lenguaje primario para comprender el mundo. Desde muy joven sentí esa necesidad vital de volcar emociones y texturas sobre el lienzo, por lo que me formé con diversos profesores desde temprana edad. Mi plan inicial era estudiar Arte en una universidad en Nueva York, pero la vida cambió drásticamente cuando a mi padre, quien era la persona que más me impulsaba a pintar, le diagnosticaron cáncer. Ante esa situación, decidí quedarme en Colombia y estudiar Administración de Negocios Internacionales en la Universidad de La Sabana. Gracias a mi rendimiento académico fui becada para estudiar Derecho y, viniendo de una familia donde casi todos son abogados, descubrí una profunda vocación por buscar la justicia y la equidad. Además, al ver a mi mamá asumir el rol de madre cabeza de familia tras el fallecimiento de mi papá, sentí un impulso muy fuerte por enfocarme en el derecho de familia para acompañar y apoyar a otras mujeres en situaciones similares.

CAMBIO: ¿Por qué decidió cambiar el derecho por el arte? ¿Cómo fue ese salto?
M. M.: Con el tiempo he comprendido una verdad fundamental: jamás dejé las leyes por el arte ni el arte por las leyes. El derecho es una disciplina que brinda una gran estructura mental y, lejos de alejarme de mi sensibilidad, los casos que manejé en derecho de familia se convirtieron en una fuente constante de inspiración al conectar con realidades humanas muy profundas. Aunque al principio retomar el arte fue un proceso difícil porque pintar me confrontaba con la ausencia de mi padre, comprendí que la mejor manera de rendirle tributo a él y a su memoria era cumplir el sueño que compartíamos: convertirme en una gran artista. Volver a la pintura fue atender a ese llamado interior que me exigía expresar la belleza, el dolor y la resiliencia, utilizando el pincel como un motor de transformación.

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CAMBIO: ¿Cuáles han sido sus referentes del arte para desarrollar su obra
M. M.: Mis referentes artísticos nacen de una conversación viva entre la historia, la resiliencia humana y la riqueza de nuestra propia cultura. Un punto de inflexión muy especial para mí ha sido la obra de Edgar Degas, no sólo por su dominio de la anatomía y el movimiento, sino porque compartimos un camino similar: él también estudió Derecho antes de entregarse por completo a la pintura. De esa conexión surgió mi decisión de reinterpretar a las mujeres colombianas a través de las bailarinas de ballet. Sin embargo, a diferencia del ballet clásico tradicional, a mis bailarinas las pinto con una musculatura marcada e imponente. En mi experiencia en el derecho de familia vi a diario a madres cabezas de familia que, frente a la adversidad, sostienen el hogar con una disciplina e inquebrantable fortaleza, “disfrazándose” ante sus hijos para mostrarles siempre calma y templanza, exactamente como una bailarina que sonríe en el escenario ocultando el rigor y el esfuerzo físico. Para mí, la mujer colombiana posee esa misma gracia, elegancia y potencia.

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CAMBIO: ¿Y de los artistas colombianos?
M. M.: En el ámbito nacional, Fernando Botero es un referente indiscutible por su valentía para crear un volumen e identidad gráfica reconocibles en todo el mundo, demostrando que el arte colombiano puede ser universal sin perder su raíz. De Alejandro Obregón me fascina la vehemencia y la pasión de su paleta, especialmente la intensidad de su rojo, que transmite un dinamismo y una fuerza visceral que busco plasmar en mi propio uso de la textura y el color. Además, crecí rodeada de un profundo respeto por la maestría de Enrique Grau, gracias a la cercanía que mi familia tuvo con él, lo que me enseñó desde muy joven a entender la figura humana como un vehículo de elegancia y teatralidad. A esta mezcla de referentes académicos y grandes maestros colombianos se suma la majestuosidad de la fauna de nuestra tierra, como el jaguar y el puma, creando un lenguaje visual donde la delicadeza del trazo y la fuerza del territorio se unen para honrar la grandeza de la mujer.

CAMBIO: ¿Qué enseñanza le ha dejado su trayectoria como abogada y como artista
M. M.: Si algo quisiera transmitir a quienes leen esta nota, es que no tenemos por qué encasillarnos en una sola etiqueta. Podemos ser abogadas, artistas, soñadoras y creadoras al mismo tiempo y entrelazar nuestras disciplinas por muy opuestas que parezcan. Abrazar cada una de nuestras facetas con pasión y autenticidad es lo que nos permite dejar una huella verdadera en el mundo.

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