Comercializadores formales le advirtieron al presidente Abelardo de la Espriella que cada semana estarían saliendo del país entre 500 kilos y una tonelada de oro de contrabando. CAMBIO reconstruyó la ruta: anticipos en criptomonedas, caletas hasta Cúcuta y Caracas, y pasajeros con lingotes en vuelos hacia Estambul y Dubái.
El pasado 5 de agosto, un colombiano que viajaba de Cali a Estambul fue detenido en el aeropuerto de Tocumen, en Panamá. Llevaba un valioso cargamento: cerca de 16 kilos de oro en lingotes, valorados en 1,96 millones de dólares. Cuando las autoridades panameñas lo interrogaron, solo atinó a decir que había sido contratado por una empresa para llevarlos, pero no contaba con la documentación que acreditara la salida legal del oro de Colombia. Las autoridades panameñas le negaron el tránsito y ordenaron su regreso.
Once meses antes, dos pasajeros que se disponían a viajar de Bogotá a Bucaramanga fueron detenidos en El Dorado. La pareja llevaba consigo un cargamento de cadenas, anillos, y pulseras de oro avaluadas en cerca de 400 millones de pesos. Según la Policía, ninguno pudo acreditar la procedencia legal de las joyas.
Episodios como estos, que ocurren de manera aislada, encajan en el modus operandi de una poderosa y sofisticada estructura criminal que combina correos humanos, vehículos con compartimentos ocultos y lujosos jets privados para sacar de Colombia toneladas del material precioso.
La carta
La preocupación por la magnitud de ese negocio llegó al despacho del presidente Abelardo de la Espriella el pasado 28 de septiembre. Representantes del sector formal de comercialización de metales preciosos le enviaron una carta para advertir que el oro estaba desapareciendo de sus canales de compra. Entre los remitentes figuran comercializadoras internacionales, exportadores, operadores de zonas francas y comerciantes nacionales, regionales y locales.
Según la información recogida por estos empresarios, los circuitos de contrabando podrían estar movilizando entre 500 kilos y una tonelada de oro por semana. Ellos mismos le piden al Gobierno verificar esas cantidades. Aseguran que vienen percibiendo una disminución del metal disponible desde hace unos dos años y que durante el último mes el fenómeno volvió a acelerarse.

La carta describe una operación con compradores, intermediarios, centros de acopio, vehículos y grandes sumas de dinero. Los comerciantes también alertan sobre una posible ruta por Surinam y sobre el uso de efectivo y de USDT, una moneda digital, para financiar las transacciones.
Los empresarios le solicitaron al presidente una reunión urgente para entregarle cifras e información exacta y explicarle la filigrana del negocio. También pidieron investigar, de manera reservada, a funcionarios encargados de controlar dichas actividades. En la misiva advirtieron que, por cuenta del aumento del precio internacional, Colombia puede recibir más dinero por el oro exportado mientras disminuye la cantidad que sale de manera legal.
Quién está comprando el oro y de dónde sale la plata
Este es un negocio que se paga por adelantado. Antes de recibir el oro los compradores envían el dinero. Un comercializador entrevistado por CAMBIO describió cómo funciona ese mecanismo: personas que operan desde el exterior financian a intermediarios en Colombia, quienes se encargan de conseguir el metal en las regiones. Según su testimonio, entre los promotores del negocio hay compradores turcos con contactos en Venezuela.
El primer paso es enviar el anticipo. Para explicar las cantidades que se manejan, el comerciante habló de sumas equivalentes a 500.000 o un millón de dólares, entregadas en USDT, una criptomoneda diseñada para mantener un valor cercano a un dólar por unidad que puede transferirse entre billeteras digitales, sin importar que quien la envía y quien la recibe se encuentren en países distintos.
Pero el comprador local necesita pesos para negociar con quienes tienen el oro. Allí interviene otro participante: una persona o empresa que recibe los USDT y entrega a cambio moneda colombiana. Esa conversión tiene un costo que, según el entrevistado, puede estar entre el 1,5 y el 2 por ciento del monto negociado. Si el intermediario no conoce a alguien que haga el cambio, la propia red le facilita el contacto.
Con los pesos disponibles, los intermediarios compran el metal a productores y pequeños comercializadores. Son personas que conocen el mercado, tienen proveedores y pueden reunir el oro que necesitan quienes pusieron el dinero. El anticipo les permite salir a comprar sin financiar la operación con recursos propios.
Así, alguien que permanece fuera de Colombia puede pagar por oro adquirido en una región minera del país: envía los USDT, un operador los cambia por pesos y un comprador local utiliza esos recursos para conseguir el metal. Según la fuente, en ese punto parte del oro que antes recibían las comercializadoras exportadoras pasa a los compradores de la red. Según el comercializador consultado, cuando esas compras se hacen sin verificar ni documentar de qué mina proviene el oro y quién lo extrajo, se pierde la trazabilidad de su origen y es así como lograr colarse el oro ilegal.

Otra fuente consultada por CAMBIO describió un mecanismo para conseguir dinero a partir del oro que todavía permanece bajo tierra: la tokenización de reservas. Consiste en emitir unidades digitales, llamadas tokens, asociadas a reservas estimadas de cada mina y ofrecerlas a inversionistas para captar recursos.
La diferencia con los pagos descritos anteriormente está en la función de cada instrumento. Los USDT permiten enviar un anticipo que luego se convierte en pesos para comprar oro. En el esquema de tokenización relatado por la fuente, los recursos se obtienen al ofrecer unidades digitales vinculadas a reservas que aún no han sido extraídas. Quien aporta el dinero adquiere el token; el alcance de su derecho sobre esas reservas depende de las condiciones de la operación.
Las caletas de siempre y los pagos digitales
Una vez conseguido el oro, es necesario moverlo. Es allí donde las operaciones con monedas digitales se combinan con una práctica que el narcotráfico utiliza en Colombia desde las épocas iniciales de Pablo Escobar: esconder la mercancía en compartimentos secretos de vehículos acondicionados para transportarla.
Las fuentes consultadas por CAMBIO señalaron que buena parte del metal se moviliza por carretera en carros acondicionados con caletas. La mayoría del oro sale desde Medellín, llega a Bucaramanga y de ahí se transporta hacia Cúcuta. Desde la frontera, el metal es llevado a San Antonio del Táchira y de ahí a Caracas.
El contraste ayuda a entender cómo funciona el negocio. Los compradores pueden financiar una operación a distancia mediante transferencias digitales, pero el oro sigue siendo una carga física que alguien debe recoger, esconder y entregar. Para esa tarea, las redes recurren a un método conocido durante décadas por traficantes de drogas y contrabandistas.
Según el comercializador, al llegar a Caracas el metal se funde de nuevo y se convierte en lingotes de distintos tamaños, para así seguir su viaje, bien sea en el equipaje de pasajeros o en modernos jets privados.
Las rutas de salida y los vuelos
Desde Caracas, el recorrido continúa hacia Estambul y, después, hacia Dubái. Según su testimonio, una parte del oro viaja con pasajeros de vuelos comerciales de Turkish Airlines que hacen conexión en Turquía antes de seguir hacia Emiratos Árabes Unidos. Una de las fuentes contactadas por CAMBIO también señaló el uso de aviones privados y aportó información para rastrear sus desplazamientos.
Dicha fuente le suministró a CAMBIO las matrículas de varios aviones que, según su testimonio, eran utilizados para transportar el oro. Durante cinco días, del 5 al 9 de octubre, este medio consultó sus historiales y siguió sus desplazamientos en plataformas de rastreo aéreo. La revisión permitió constatar que dos de esas aeronaves habían cubierto la ruta entre Caracas y Estambul: la identificada con la matrícula D-AUWE, el 17 de septiembre, y la D-AFAM, el 7 de octubre. Ambas aparecen en Plane Finder como aviones Global Express operados por FAI Rent-a-Jet.
Los registros confirman los trayectos, pero esto no prueba que transportaran oro colombiano.

El nombre de John Horacio Rueda Polanía
Una de las fuentes consultadas por CAMBIO señaló a John Horacio Rueda Polanía, comerciante vinculado al negocio del oro, como uno de los hombres relacionados con la salida del metal hacia Venezuela.
Su nombre es conocido de autos judiciales y apareció en investigaciones sobre oro y lavado de activos hace más de quince años. En 2010 fue capturado en Venezuela y deportado a Colombia. Según informó entonces la Policía, era investigado por una operación que consistía en recubrir piezas metálicas con oro y exportarlas como si fueran macizas. Con esas transacciones se habrían simulado exportaciones para justificar incrementos patrimoniales.
Ese proceso terminó en absolución. Según una reconstrucción publicada por El Tiempo en agosto de 2022, el Juzgado Quinto Penal Especializado de Medellín emitió una sentencia absolutoria y, después de una apelación del Ministerio Público, Rueda fue absuelto en segunda instancia en noviembre de 2011, por duda.
En noviembre de 2020 fue capturado nuevamente en Bucaramanga, dentro de otra investigación por presunto lavado de dinero. El Tiempo informó que, en agosto de 2022, ese proceso estaba en juicio y que la Fiscalía sustentaba una acusación por enriquecimiento ilícito relacionado con supuestas exportaciones ficticias de oro proveniente de Venezuela. Su abogado, Carlos Arturo Gómez Pavajeau, rechazó los señalamientos y sostuvo que la Fiscalía no los había sustentado. El mismo reporte indicó que un juez había revocado la medida de aseguramiento, que no era privativa de la libertad.
El nombre de Rueda Polanía también aparece en los chats conocidos durante el caso Vitalogic. En conversaciones con uno de los testigos del proceso, Luis Carlos Hernández, hijo del entonces alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, habló de una compra de dólares a un hombre mencionado como “John Cabezón”. Esa fuente le dijo a CAMBIO en junio de 2022, que ese hombre era John Rueda Polanía. Él, en entrevista con El Tiempo, negó haber tenido negocios con la familia Hernández.
CAMBIO contactó a su abogado, el penalista Carlos Arturo Gómez Pavajeau, quién explicó que Rueda no tenía ningún asunto pendiente con la justicia por cuenta de negocios ilegales con oro. Se refirió a su captura en 2022 y señaló que un juez de garantías lo absolvió porque la Fiscalía no presentó pruebas suficientes. Agregó que actualmente su defendido enfrenta procesos por venta de ganado en Venezuela y cambio de divisas.
Los kilos exportados y los dólares que recibe Colombia
Colombia registró menos kilos de oro exportados en 2025 que en 2023, pero el valor de esas ventas aumentó. Los datos de Comtrade consultados a través de WITS, la plataforma del Banco Mundial, muestran que el volumen pasó de 71.705 a 57.158 kilos, una reducción del 20,3 por ciento. Durante ese mismo periodo, el valor exportado subió de 3.404 millones a 4.616 millones de dólares, un aumento del 35,6 por ciento. La comparación corresponde a la partida que agrupa el oro en bruto, semilabrado y en polvo.
En palabras sencillas, el país registró una quinta parte menos de oro exportado y un valor de ventas superior en más de una tercera parte. Ese comportamiento coincide con lo advertido por los comerciantes en su carta al presidente. El aumento de las cifras en dólares da la impresión de un crecimiento en las exportaciones, pero, al mirar las cantidades, estas han bajado de manera importante. Esto plantea una pregunta: ¿corresponde esa diferencia entre los kilos reportados al oro que salió ilegalmente?
El costo que paga Colombia
El comercio ilegal de oro permite convertir el metal en dinero y ocultar su procedencia. En febrero de 2025, la Fiscalía informó de condenas en primera instancia contra 15 personas que participaron en un esquema de lavado de cerca de 2,3 billones de pesos, mediante operaciones realizadas entre 2001 y 2011. Las empresas de papel simulaban compras y ventas para abastecer documentalmente a una comercializadora que obtenía oro de yacimientos ilícitos y lo exportaba.
En las zonas de extracción, las autoridades también han documentado la intervención de grupos armados. En junio de 2025, MinAmbiente reportó una operación en Buriticá, Antioquia, contra una red de minería ilegal atribuida al Clan del Golfo. Según la entidad, la estructura controlaba áreas de explotación y provocaba contaminación de quebradas y afectaciones a comunidades rurales. El operativo dejó cuatro capturados y decomisos de armas, explosivos y mercurio.
El Gobierno y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito identificaron 118.410 hectáreas con evidencia de explotación de oro de aluvión en tierra durante 2025. El 75 por ciento de esa superficie fue clasificado como explotación ilícita y 58.216 hectáreas estaban en zonas donde la minería no está permitida.
La recuperación de esos entornos puede tardar décadas. En Farallones de Cali, MinAmbiente reportó en diciembre de 2023 unas 1.000 hectáreas de páramo afectadas por minería ilegal. Estimó que devolverles la cobertura vegetal podría tomar al menos 20 años y recuperar la integridad del ecosistema, más de 50. También informó de contaminación por mercurio.
El negocio del oro ilegal en Colombia, su extracción, la ocultación de su origen para hacerlo pasar por legal y su contrabando, genera enormes recursos que permiten a los grupos armados sostener a sus hombres, comprar armas y disputar territorios. Además de alimentar la violencia, este negocio deja ríos contaminados y suelos degradados. Seguir el recorrido del oro e identificar a sus compradores y a quienes integran estas redes es fundamental para ponerle un torniquete a una herida abierta que desangra a Colombia.