El psiquiatra José A. Posada Villa destaca que escuchar las experiencias de quienes han atravesado problemas de salud mental debe dejar de ser un gesto simbólico para convertirse en parte de las decisiones sobre servicios, políticas y tratamientos. En el Día Mundial de la Salud Mental 2026, plantea que Colombia tiene el reto de construir un sistema más participativo, humano y cercano a las necesidades reales de las personas.

En Colombia todavía es común escuchar historias que comienzan con una frase que debería inquietarnos como sociedad: “Yo no sabía si contarle a alguien”. Personas que han atravesado crisis, diagnósticos, tratamientos o violencias siguen dudando de si su voz será escuchada o si, por el contrario, será minimizada, cuestionada o silenciada. Por eso, en este Día Mundial de la Salud Mental 2026, el lema propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es un gesto simbólico ni un eslogan más. Es una ruptura. ‘Escuchar las experiencias vividas: voces reales, cambios reales’ es, en esencia, una redistribución de poder.

La OMS está diciendo algo que los sistemas de salud mental han evitado durante décadas: quienes han vivido problemas mentales no son solo usuarios, pacientes o beneficiarios. Son productores de conocimiento. Y ese conocimiento encarnado en historias, trayectorias, obstáculos y aprendizajes, es indispensable para transformar los servicios, las políticas y las prácticas. Como plantea Doughty (2022), la experiencia vivida constituye una forma de saber que no puede ser reemplazada por la técnica, la administración o la academia.

Durante mucho tiempo, la salud mental se construyó desde un paradigma vertical. Los expertos definían los problemas, diseñaban las soluciones y evaluaban los resultados. La participación de usuarios era, en el mejor de los casos, consultiva; en el peor, inexistente. Pero la evidencia internacional ha demostrado que este modelo es insuficiente. Thornicroft (2020) documenta que los sistemas que integran la experiencia vivida logran intervenciones culturalmente pertinentes, reducen el estigma, fortalecen la recuperación y aumentan la confianza en los servicios. No es una intuición: es un hallazgo repetido en múltiples países y contextos.

Por eso el lema de 2026 es tan disruptivo. No se trata de escuchar relatos en eventos públicos ni de incluir testimonios como adornos narrativos. Se trata de transformar la arquitectura del sistema. Rose (2019) insiste en que la participación significativa no es un accesorio, sino un componente estructural de los sistemas modernos de salud mental. Implica incorporar personas con experiencia vivida en comités técnicos con voz y voto, diseñar servicios junto a usuarios, no para usuarios, evaluar programas con criterios definidos por quienes los usan, no solo por quienes los administran y reconocer que el sufrimiento psíquico tiene raíces sociales que quienes lo han vivido pueden identificar con mayor claridad que los especialistas.

El contexto global refuerza esta urgencia. Después de la pandemia, el mundo experimentó un aumento sostenido de malestar emocional. Kola et al. (2021) mostraron cómo la incertidumbre, el aislamiento y la presión social dejaron huellas profundas en la salud mental global. En este escenario, los servicios enfrentan un doble desafío: atender la creciente demanda y hacerlo de manera más humana, más cercana y más participativa. Los modelos tradicionales centrados en la atención especializada y en intervenciones individuales ya no son suficientes para responder a esta nueva realidad.

Por eso, en este Día Mundial de la Salud Mental, la OMS insiste en enfoques comunitarios, participación activa y modelos de recuperación. Y por eso el lema de 2026 no habla de “tratamiento”, “servicios” o “políticas”, sino de voces y cambios. Porque los cambios reales no nacen en los escritorios, sino en las historias de vida.

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Thornicroft (2020) documenta que los sistemas que integran la experiencia vivida logran intervenciones culturalmente pertinentes, reducen el estigma, fortalecen la recuperación. Foto referencia: Magnific.

Colombia no está al margen de esta discusión. La socialización preliminar de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 (Ministerio de Salud, 2025) mostró que el país cuenta con información adecuada para comprender el sufrimiento psíquico y las necesidades de bienestar mental en la población. Pero la información, por sí sola, no transforma realidades. Lo hacen las decisiones informadas y la participación significativa.
El país enfrenta un momento decisivo. La Ley 2297 de 2023 reconoció la salud mental como un derecho, pero ese reconocimiento solo será real si se traduce en prácticas institucionales que incluyan a quienes han vivido problemas mentales como socios en la construcción de soluciones. No basta con medir síntomas, prevalencias o factores de riesgo. Es necesario escuchar las barreras invisibles que las personas encuentran en los servicios, las violencias que han enfrentado, las estrategias que han construido y las formas en que imaginan un servicio más humano.

La experiencia vivida no romantiza el sufrimiento. Lo ilumina. Permite comprender lo que la técnica no ve, lo que la administración no mide y lo que la academia no siempre alcanza a interpretar. Y, sobre todo, permite construir sistemas que respondan a la vida real, no a modelos abstractos.

Este Día Mundial de la Salud Mental 2026 marca un punto de inflexión. La OMS está diciendo que la salud mental del futuro será participativa o no será. Que los sistemas deben abrirse, transformarse y reconocer que la experiencia vivida es una forma de saber. Que los datos importan, la técnica importa y la administración importa, pero nada de eso es suficiente sin las voces reales de quienes han enfrentado problemas mentales.

En Colombia, esas voces existen. Están en los barrios, en las veredas, en los hospitales, en los grupos de apoyo, en las organizaciones comunitarias. Han sido silenciadas por el estigma, la discriminación y la vergüenza. Pero hoy, gracias a la convocatoria de la OMS en el Día Mundial de la Salud Mental 2026, tienen un lugar legítimo en la conversación global.

Escuchar no es un acto pasivo. Es un acto político. Y cuando las historias de vida se convierten en decisiones, la salud mental deja de ser un discurso y se convierte en una realidad compartida.
 


Fuentes:

  • Doughty, C. (2022). Nothing about us without us: lived experience in mental health policy. Oxford University Press. 
  • Kola, L., et al. (2021). Global mental health and equity: the role of lived experience. The Lancet Psychiatry. 
  • Ministerio de Salud y Protección Social. (2025). Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 – Socialización preliminar pública. 
  • Rose, D. (2019). User involvement in mental health research and policy. 
  • Palgrave Macmillan. Thornicroft, G. (2020). The importance of lived experience in mental health systems. Cambridge University Press.

José A. Posada Villa es médico psiquiatra del Observatorio de Salud Mental Positiva ICSN, Clínica Montserrat Hospital Universitario

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