A sus 73 años, la pedagoga bogotana Ana María Cano Morales presenta ‘Bajo las sombras del silencio’, una novela inspirada en los testimonios de niñas y mujeres víctimas de violencia sexual que atendió durante más de cuatro décadas en las zonas más vulnerables de la capital.

Una de las primeras novelas colombianas que develó con descarno la violencia sexual en Colombia como un crimen sistemático, y que en el pasado fue texto de estudio en la educación básica, es Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), original de la escritora pereirana Alba Lucia Ángel, quien recién fue homenajeada en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, con el Premio León de Greiff al Mérito Literario.

Ángel, testigo valiente de su tiempo, rompió el silencio institucional al poner los cuerpos mancillados de niñas y mujeres en el centro del horror de la guerra bipartidista, mostrando cómo la pavorosa violencia sexual ejerció sin distingos de edad, raza, credo y filiaciones ideológicas.

Otras novelas colombianas de esta naturaleza son: Muchacha al desparecer, ópera prima de la escritora chocoana Marta Renza, que aborda con agudeza los flagelos de la violencia carnal de los actores armados. Los ejércitos, galardonada novela de Evelio Rosero, que narra la deshumanización sin límites de la agresión física y sexual de las fuerzas del terror contra la población civil. En diciembre llegan las brisas, de Marvel Moreno, crudo manifiesto contra la violencia de género, impuesta por la rigidez patriarcal, y entre otras, La perra, de Pilar Quintana, que ahonda en la maternidad frustrada, y explora en las violencias bajo el yugo machista.

A este escaparate de grandes relatos enfocados en el maltrato y la deshonra de cuerpos femeninos, que ha sido por siglos la penosa herida abierta en la historia de Colombia, cabe incluir Bajo las sombras del silencio, segunda novela de Ana María Cano Morales, de 73 años, bogotana, «hija de un curandero y una tendera», licenciada en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional, y «escritora, gracias a la vida», como ella subraya en su currículum.

Las razones son explícitas: luego de cuarenta años de arduo trabajo como profesora y consultora profesional en sectores frágiles y desprotegidos como Ciudad Bolívar, desde distintos frentes, entre ellos la Secretaría Distrital de Integración Social, Cano Morales construyó infinidad de vínculos con madres, maestras, niñas y adolescentes, que encontraron en ella un oído presto y confidente a sus desgarradoras historias.

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Escritora después de los 70 años, Ana María Cano Morales prestó servicios durante cuatro décadas con mujeres, niñas y adolescentes en sectores vulnerables de Bogotá, como Ciudad Bolívar. Foto: Ricardo Rondón

Transitar por innumerables perfiles de mujeres víctimas de violencia sexual, la impulsó, a sus 70 años, a saldar una deuda que ella tenía consigo misma, de tiempo atrás, y que por su trabajo comunitario y de hogar, no había podido cumplir: la escritura. «Esto ―confirma la autora― para continuar educando y denunciando las violencias que cercan y apabullan a las mujeres». Primero fue con Esta vida que me pesa (2022, Icono Editorial), sobre las violencias domésticas patriarcales, y ahora (septiembre de 2026), con la misma editorial, Bajo las sombras del silencio, una ficción inspirada en la robusta carpeta de sus conmovedores testimonios.

La novela lleva como epígrafe ‘La vergüenza no es nuestra, es de ellos’, una cita de Gisèle Pelicot, activista francesa que en 2024 se convirtió en un poderoso referente del feminismo, cuando renunció al derecho del anonimato como víctima de un degradante caso de violación múltiple propiciada por su marido con medio centenar de hombres, tras la publicación de su libro Un himno a la vida. Mi historia, superventas mundial.

Con la sabiduría, el rigor y la empatía que dejó huella por décadas como psicopedagoga al servicio de cientos de niñas y mujeres destrozadas en su honra, Ana María Cano Morales crea el universo de Elena Guzmán Romero, protagonista y primera voz narradora de su novela, una psicóloga de mediana edad, atribulada por un episodio lacerante de la infancia, en su rol de inagotable receptora y mediadora de las tragedias en cuerpo y alma que suceden a las violencias dominantes. CAMBIO la entrevistó.

CAMBIO: Cuál fue la primera luz que señaló la ruta de Bajo las sombras del silencio.

Ana María Cano Morales: La primera idea es que yo quería escribir una novela con un personaje que se llamara Elena, por los recuerdos de una niña que en mi infancia encontré en una cartilla. Luego vino el tema, una continuidad de la novela anterior, Esta vida que me pesa, que se arraigó y se trenzó en las violencias del patriarcado y de la vida doméstica; pero en este nuevo relato, orientada en la violencia sexual.

CAMBIO: Cómo fueron aflorando los personajes, algunos imaginarios, otros espejos de la realidad en sus cuarenta años de trabajo.

A. M. C. M.: La trama parte de Elena, la psicopedagoga, como eje que articula los diversos personajes femeninos que cuentan sus traumáticas y dolorosas historias, que ella atiende, bien en su fundación o en su consultorio. Muchos de estos dramas son el reflejo crudo de las patologías que se han desbordado por años en Colombia, y que, en la actualidad, como lo estamos viendo, alcanza topes impresionantes.

CAMBIO: Por supuesto. Según la revista Forenses, del Instituto Colombiano de Medicina Legal, en 2025 se registraron 16.000 casos de delitos sexuales. Advierte el informe que no todas las agresiones sexuales llegan al sistema médico-legal, ni todas son denunciadas o judicializadas. ¿Qué decir al respecto?

A. M. C. M.: Realmente es una epidemia que ocurre en el silencio y se desarrolla en una cadena de silencios. No siempre el silencio se da porque acalla a las víctimas, sino porque es la única opción para no enfrentarse a la revictimización y ser deslegitimizada por discursos y preguntas, las más recurrentes: ’¿Y usted por qué dejó pasar tanto tiempo?’ ‘¿Por qué no denunció al momento?’ Inmediatamente entra todo el mundo en juicio. Aquí las preguntas pertinentes por formular son: ¿Y el agresor qué? ¿Dónde está la eficiencia del Estado y la justicia para defender y proteger a nuestras niñas y mujeres?

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CAMBIO: ¿Es un común denominador de que la mayoría de las violencias sexuales ocurren en los mismos hogares de las víctimas?

A. M. C. M.: El hogar suele ser el primer lugar. Bien porque un familiar sea el abusador, o porque las condiciones de vivienda favorezcan esas actuaciones.

CAMBIO: ¿Se refiere a las condiciones de vivienda en estratos inferiores?

A. M. C. M.: No necesariamente. Ocurre en la clase media, en las familias privilegiadas, en la clase dominante, ya que el acoso y la violación sexual tienen tantas facetas, inseguridades y complejidades que, al momento de denunciar, las víctimas quedan atrapadas y deciden cargar con el peso de la culpa, la vergüenza y el silencio.

Ese fenómeno es algo que he detectado en la mayoría de mujeres víctimas de violencia sexual con las que he conversado. Y no hay derecho de que la víctima cargue con esa culpabilidad, como suscribe Gisèle Pelicot en el epígrafe de su libro Un himno a la vida: «La vergüenza debe ser de ellos». Esa vergüenza está presente en los personajes de mi novela: una voz que muestra los diversos matices que tiene la violencia sexual, y cómo las diversas familias también lo manejan.

CAMBIO: Pero el acoso y la violencia sexual también proliferan en el lugar de trabajo. Y, por lo que usted acaba de decir, por vergüenza, por culpa, hay una mayoría de mujeres que callan. Otras que se arriesgan a denunciar, y por la inoperancia y lentitud de la justicia, sus procesos quedan flotando.

A. M. C. M.: Quedan bajo las sombras del silencio. Porque la víctima, para su tranquilidad, o por el riesgo de perder su trabajo, prefiere callar. El problema es que ese silencio es demasiado fuerte y termina desbordándose, sobre todo cuando hace parte de un linaje y las violencias sexuales se replican en un círculo generacional.

CAMBIO: Cómo cree que se van engendrando estos monstruos depredadores, insaciables en sus apetitos aberrantes, como en el sonado caso de Dominique Pelicot.

A. M. C. M.: El marqués de Sade, en sus obras, nos demuestra cómo se disfruta con el dolor ajeno. Porque el dolor no solo es infligido de manera física, sino a través de la humillación, que es un dolor psíquico de fondo. El dolor de sentirse objeto utilizado. He ahí el incontrolable desborde de las iniquidades humanas.

Mario Vargas Llosa, en El sueño del celta, nos revela todas esas barbaries que cometieron en África aquellos grupos supuestamente civilizados: ingleses, franceses, holandeses, españoles, creyéndose dueños de los otros con sus prácticas perversas. Lo mismo nos sucedió con la entrecomillada conquista y con la eterna violencia que ha sometido a este país en diferentes etapas de la historia, desde la Guerra de los Mil Días, la violencia bipartidista, las guerrillas y el paramilitarismo, cuando cogen el cuerpo de una mujer o de una niña, y lo convierten en un objeto de placer, de uno y de todos.

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Ana María Cano Morales, bogotana, de 73 años, licenciada en Pedagogía y Psicología de la Universidad Pedagógica Nacional, autora de la novela Bajo las sombras del silencio, en el antejardín de su casa, en el barrio La Soledad. Foto: Ricardo Rondón 
 

CAMBIO: Como recién lo develó en Los Informantes la señora Deisy Guanaro, hoy funcionaria del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, desde los diez años víctima sexual serial reclutada por las FARC-EP, con nombres propios: Sandra Ramírez, la proxeneta, y entre sus victimarios, Pablo Catatumbo. Cuánto horror y humillación la cantidad de niñas y adolescentes violentadas.

A. M. C. M.: Oír el testimonio conmovedor de Deisy Guanaro nos ratifica que, definitivamente, la realidad supera la ficción, y que la deshumanización es un fenómeno que toca a hombres y mujeres alucinados de poder y manipulación, sin control alguno.

Es cuando estás psicopatías y sociopatías se extralimitan. Basta observar las infamias de Jeffrey Eipstein y su círculo demencial, o el horrible caso de Dominique Pèlicot. Pero la ley siempre exige pruebas, y estas quedan como marcas de fuego en el cuerpo y el alma de las víctimas, sin que sean pruebas suficientes.

CAMBIO: Las niñas y mujeres de Las sombras del silencio no se quedan en la escueta y temerosa denuncia. Elena, la psicóloga, a través de su espíritu y de su pluma, más allá del discurso, propone terapias de sanación.

A. M. C. M.: Ese fue, desde el principio, el enfoque de mi libro: acercar a las mujeres a las reflexiones que derivan de los dramas y oscuridades que se cuentan y que, incluso, en el curso de la lectura, pueden estar reflejadas, cuando los personajes se desnudan desde lo más profundo de su ser para exponer el delito. Porque el acoso y la violación sexual son delitos abominables que marcan de por vida a las víctimas, y están las leyes para castigarlo como debe ser.

CAMBIO: ¿Cómo vencer el miedo para que las mujeres violentadas se decidan a denunciar con nombres propios?

A. M. C. M.: Sugiero romper el silencio, primero con un círculo femenino que logré enfrentar lo que significa la denuncia ante las autoridades: divulgación de acoso, abuso o violación, revictimización, culpa y sospecha de su participación voluntaria. Además de disponer de puntos de denuncia en el territorio, con personal idóneo para la atención específica de estos delitos. Es definitivo vencer el miedo, el silencio y la vergüenza que acompañan la violencia sexual.

CAMBIO: En el proceso creativo, cuál le dio más guerra, ¿Esta vida que me pesa, su anterior novela, o Bajo las sombras del silencio?

A. M. C. M.: Con Esta vida que me pesa tuve mis inseguridades como escritora, pero luego de haberme ensayado, por decirlo de alguna manera, me convencí y reafirmé que podía lograrlo con calidad. Fue un proceso más corto, pero muy delicado en su tratamiento, porque el tema de las violencias sexuales requiere de mucho valor y respeto.

CAMBIO: Justamente porque el tema le ha sido permanente de hace más de 40 años en su labor de docente y psicóloga.

A. M. C. M.: Lo he vivido y compartido con las mujeres de la colectividad, y uno sabe lo que sucede en sus cuerpos, ya que las mujeres somos proclives a las confidencias, asunto que al varón le resulta vergonzoso contar cómo se sintió abusado. Se nota más su fragilidad.

CAMBIO: ¿Qué sensación y qué pensamientos la rondaron cuando puso el punto final de Las sombras del silencio?

A. M. C. M.: Sentí que había logrado resaltar la unión entre mujeres y la fuerza de servicio en colectivo para superar heridas. Pienso que, desde la literatura, se dan espejos, que sin ser formas de autoayuda, pueden abrir caminos esperanzadores para las víctimas.

CAMBIO: ¿Cómo es decidirse a escribir literatura a partir de los 70 años?

A. M. C. M.: Surge como parte de un proyecto vital pospuesto por el trabajo fuera del hogar, por más de 40 años, y por las labores domésticas de esposa y madre de cuatro hijos biológicos, y uno de crianza. La certidumbre de metas cumplidas me liberó para retomar el sueño; la ilusión estaba latente, y en fragmentos de algo que tenía avanzado en Esta vida que me pesa. Hoy, escribir para mí, es una función esencial.

CAMBIO: ¿Ahora mismo está dando las primeras puntadas de una nueva obra

A. M. C. M.: Sí, ya me bulle. De hecho, ya empiezan a perfilarse los personajes de la historia de amor de un adolescente.

«La escritura de Ana María Cano Morales avanza como agua sobre una superficie herida: toca entre muchos otros dolores la rabia de quien recuerda y la fragilidad de quienes han debido sobrevivir antes de poder nombrarse. Lejos de establecer una identidad, lo que explora Elena es el devenir ser en su historia individual, que es, al mismo tiempo, colectiva. La novela también convierte la experiencia de las mujeres en una forma de conocimiento sobre el país, sus violencias y sus deudas afectivas. Lo que comienza como una memoria mojada por la lluvia, termina como una pregunta ética para la reparación: ¿cómo acompañar lo quebrado y transformar el silencio en palabra», reseña en la contracubierta de Las sombras del silencio Aleyda Gutiérrez Mavesoy, doctora en Letras y decana de Artes de la Universidad Pedagógica Nacional.

Bajo las sombras del silencio (Icono Editorial), de Ana María Cano Morales, está en librerías desde el 24 de septiembre de 2026. El lanzamiento oficial de la novela está programado para el jueves 15 de octubre, a las 6 de la tarde, en el Gimnasio Moderno. La autora conversará con la psicóloga, escritora y política Ángela María Robledo.

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