El libro ‘Las visionarias del séptimo arte en Colombia’ es el resultado de una investigación de la Universidad Sergio Arboleda liderada por Yolima Díaz, historiadora y profesora de Comunicaciones. El lanzamiento del libro coincide con los 40 años de la Fundación Patrimonio Fílmico de Colombia, institución dedicada a la conservación y recuperación del patrimonio audiovisual del país.

Las visionarias del séptimo arte en Colombia es un libro que le rinde tributo a cuatro mujeres visionarias del cine en Colombia. La investigación que dio origen a la obra nace de una observación de la investigadora Yolima Díaz, quien al indagar sobre las mujeres realizadoras de la cinematografía en Colombia, observó que sólo se mencionaban mujeres cineastas que habían trabajado a partir de la década de los sesenta del siglo pasado. Entonces ella se preguntó si anteriormente habría habido en Colombia realizadoras y mujeres productoras y directoras en la cinematografía nacional.

Según Yolima Díaz, en los años veinte no aparecen muchos nombres de mujeres porque ellas no tenían derecho a manejar sus propios bienes. Sus socios, que por lo general eran sus esposos o hermanos, quedaban registrados en los créditos de estas realizaciones audiovisuales.

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Kathleen Romoli.

Kathleen Romoli

Yolima Díaz dice que, de todas maneras, sí hay nombres de mujeres en el cine colombiano de los años veinte. La primera es la norteamericana Kathleen Romoli, historiadora y cineasta. Fue la segunda mujer accedió a la Academia Colombiana de Historia y la primera realizadora audiovisual con Golden platinum, un documental en 1927. En este documento cinematográfico ella muestra la explotación de minerales como el oro y plata en el río Atrato, en el Chocó, y presenta a integrantes de comunidades embera y afrocolombianas de este tiempo. Según López, “el país no ha cambiado desde esa época. El documental muestra la mirada de una mujer norteamericana al Chocó de los años veinte”. Esta mirada impregna a otras mujeres tan destacadas como la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda. “Esta película de Kathleen Romoli le aportó una nueva mirada al país”.

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Lili Álvarez.

Lili Álvarez

En la investigación también encontraron a Lili Álvarez, chilena, quien llegó al país con una compañía de teatro para desarrollar emprendimientos artísticos y culturales como la productora Patria Films. Filmó dos películas importantes: Antonia Santos, en 1943, y El sereno de Bogotá. La primera es una producción sonora de alto presupuesto. Se filmó en Bosa, que aún era un municipio de Cundinamarca y no formaba parte de Bogotá. También promovió la existencia de una protagonista tan importante en la historia como Antonia Santos.

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Felicia Ochoa.

Felicia Ochoa

Las investigadoras encontraron además a Felicia Ochoa, nacida en Medellín, que trabajó con sus hermanos en la minería y ese dinero lo invirtió en proyectos cinematográficos. Hizo producciones donde cuenta la evolución social del país con trabajos como Chambú, que ocurre en Nariño, en el que habla de la importancia del sector minero y de la construcción del ferrocarril del Pacífico. También realizó Contrabando de pasiones, que trata sobre el contrabando en Santa Marta. Su película San Andrés, isla de ensueño, de 1962, es la primera a color realizada por una mujer en Colombia. Con ella se muestra a San Andrés como un emporio turístico. También realizó la producción audiovisual Antioquia, crisol de libertad, con la que genera gran identidad en esta región.

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Inés Rendón.

Inés Rendón

La última mujer que las investigadoras encontraron en estos años es Inés Rendón, de Pereira. Dice Yolima Díaz que con su cámara captó los primeros registros del progreso de la ciudad cuando se comenzó a modernizar su infraestructura. “Estos registros son importantes para la reconstrucción de la memoria arquitectónica y de infraestructura de Pereira”. También fue actriz en la película Nido de cóndores, de 1926, que fue censurada en Colombia.

Cine con ojo de mujer: las cuatro visionarias que abrieron camino en Colombia

Un homenaje justo y necesario

El estudio no encontró más mujeres que hicieran hecho cine en aquellas décadas. “La investigación descubre cuatro mujeres visionarias que quisieron hacer otro cine en un momento en que la sociedad no aceptaba que las mujeres participaran en industria de entretenimiento y cultural en el país. Son las primeras en hacer proyectos cinematográficos en Colombia. No se había estudiado mucho su obra y sus películas, y menos con la intención de hacer memoria. Se les da la importancia de hacer registros audiovisuales del cine, como preservación de la memoria y de desarrollo de la historia del país”, concluye Díaz. Estas obras las preserva la fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

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