Sentía que era como lo de los músicos del Titanic, pero, sintiéndolo bien, quizás se parece más a la resistencia nocturna de Penélope. Durante el día, un periodista latino en el exilio se convierte en otra cosa: cuidador, repartidor, vendedor, mesero, albañil, lo que haga falta. Cuando llega la noche, enciende el computador o abre el teléfono para intentar volver a ser lo que ha sido, para perseguir alguna historia, bajo el influjo del eterno desfase horario americano. De día, tejer una nueva realidad con lo que hay. De noche, deshacer ese estado de cosas, así sea unas horas, para aguantar mientras espera. Lo primero le da para vivir, lo segundo le da la vida.
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