Una noche sin luz. Un padre pescador que no regresa. Rumores sobre hombres armados y un niño obligado a caminar por un pueblo donde la oscuridad parece esconder algo más que miedo. Así comienza “El Bovino de los Cuernos Curvos”, una película nacida entre paisajes y comunidades del Caribe colombiano que dio un salto inesperado: llegó al Toronto International Film Festival (TIFF) 2026 para celebrar allí su estreno mundial.
La producción, dirigida por Omar Ospina Giraldo y producida por Diana Ospina Giraldo y Laura Morales Guerrero, fue seleccionada en Centrepiece, sección oficial que este año reunió 54 largometrajes de realizadores de 50 países. La ficha del TIFF identifica la cinta como una producción colombiana de 2026, de 80 minutos y hablada en español. Pero detrás de esos datos existe una historia mucho más cercana al territorio.
Un niño entra en la oscuridad y algo lo espera
El protagonista es Amado, un niño cuyo padre salió a pescar y lleva varios días sin volver. Al mismo tiempo, los apagones empiezan a apropiarse de las noches y los rumores sobre la presencia de grupos armados crecen entre los habitantes. Entonces aparece una figura difícil de olvidar: alguien utiliza un cráneo de toro como máscara y recorre las calles cuando el pueblo queda a oscuras.
Amado debe ir hasta unos palafitos en busca de un farol. Parece una tarea sencilla, pero durante ese recorrido tendrá que enfrentarse al Bovino de los Cuernos Curvos, una presencia que se mueve entre el mito y la realidad. La verdadera amenaza, sin embargo, podría ser otra: aceptar que su padre quizá nunca regresará.
La película no intenta reconstruir el conflicto armado como si se tratara de un expediente. Su mirada está puesta en lo que queda dentro de un niño cuando los adultos no tienen respuestas. Memoria, imaginación y miedo comienzan a confundirse, hasta que aquello que no puede comprenderse encuentra refugio en los relatos y en las figuras de la tradición oral.
El propio Ospina ha explicado que la pregunta detrás de la obra es “cómo recuerda un niño aquello que nunca logró comprender”. Ese punto de partida permite que la violencia permanezca presente, pero vista desde una memoria incompleta, capaz de transformar un trauma en una criatura, una oscuridad o un recuerdo.
Del Caribe colombiano a las pantallas de Toronto
El estreno mundial se realizó el 12 de septiembre en el Scotiabank Theatre Toronto, después de una función para prensa e industria el día anterior. La página oficial del TIFF registró además proyecciones los días 14 y 19 de septiembre. El festival, en su edición número 51, se desarrolló del 10 al 20 de septiembre de 2026.
Llegar hasta allí no ocurrió de un día para otro. El proyecto pasó previamente por SAPCINE y Ventana Sur, escenarios en los que fue desarrollando su propuesta y buscando recursos para completar diferentes etapas de producción. En 2024 obtuvo además un reconocimiento en Primer Corte de Ventana Sur, cuando aún avanzaba en su proceso de posproducción.
Pero uno de los detalles que distingue la película ocurrió mucho antes de Toronto y lejos de las alfombras de los festivales.
Comunidades del Magdalena también hicieron parte de la película
En la realización participaron docentes, estudiantes y egresados de la Escuela de Cine y Audiovisuales de la Universidad del Magdalena, además de actores naturales y habitantes de Sevillano, Pueblo Viejo, Tasajera, La Isla y Santa Rita. Según la Universidad, esas comunidades aportaron sus paisajes, voces y formas de comprender el territorio a la construcción de la historia.
Esa relación explica por qué para Ospina la selección en Toronto va más allá de una película incluida en una programación internacional. El director afirmó que representa “un reconocimiento al trabajo colectivo” y destacó a quienes siguen convencidos de que el arte puede transformar realidades y de que “el cine del Caribe necesita verse en todas las partes del mundo”.
La producción fue encabezada por La Fortaleza Films, en coproducción con la Universidad del Magdalena, Light Box, Soretti Films, Luisa Casas y De la Tierra Producciones. También tuvo apoyos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), FODCA Santa Marta, SAPCINE, la Gobernación del Magdalena y Ventana Sur.
Una película donde el paisaje también guarda memoria
La mirada internacional también se detuvo en su propuesta visual. El TIFF destacó el tratamiento en blanco y negro de la fotografía de Rafael Gonzales y la mezcla entre fantasía caribeña, tradición oral y memoria de la violencia. Además, subrayó el trabajo con actores no profesionales, una elección que conecta todavía más la ficción con los lugares donde nació.
Y allí aparece quizá el mayor giro de “El Bovino de los Cuernos Curvos”. El monstruo que Amado teme encontrar en la oscuridad no funciona solamente como una criatura fantástica. A medida que avanza el relato, representa aquello que un niño necesita imaginar cuando la realidad resulta demasiado difícil de nombrar.
Desde la Ciénaga Grande de Santa Marta hasta las salas de Toronto, la película convirtió entonces una pregunta íntima en una historia capaz de cruzar fronteras. Y lo hizo llevando consigo algo que no cabía en una maleta: las voces, los silencios y la memoria de comunidades del Caribe colombiano que ahora también quedaron proyectadas en una pantalla internacional.
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