Opinión: ¿Para qué sirve leer?

14 de septiembre de 2026 a las 06:50 pm

Hay una verdad que se dice a gritos en todas las encuestas de lectura: la lectura es muy valorada; al preguntarle a la gente si leer es importante, la mayoría dirá que sí; sin embargo, al preguntar qué es lo último que leyeron, allí la cosa se complica y las respuestas son diversas, pero demuestran que, aunque se valore la práctica lectora, no es algo que suceda en la cotidianidad. O al menos, es lo que la misma gente piensa acerca de su relación con el lenguaje.

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Pero detengámonos un momento, ¿acaso no leemos todo el tiempo? ¿acaso no está leyendo usted estas líneas? Si es así, ¿por qué la gente piensa que no lee? En primer lugar, porque a muchos nos enseñaron que leer es solo leer libros, no es casual que la presentación más popular de las encuestas de lectura sea el número de libros leídos por año; pero en realidad leemos todo el tiempo: en el WhatsApp, en las redes sociales, incluso, algunos dicen que los videos son textos audiovisuales que requieren de una lectura particular. Esto nos lleva a una conclusión, todos somos lectores, aunque no seamos los que nos imaginamos o los que las encuestas quieren que seamos.

Es imposible sobrevivir en esta sociedad sin leer, de nuestra alfabetización depende nuestra posibilidad de tomar un transporte público, de usar el celular o comunicarnos a través de WhatsApp o correo electrónico. Pero la pregunta es: ¿esta lectura es suficiente? Uno podría pensar que para sobrevivir funciona, pero ¿solo queremos sobrevivir? Esa es una pregunta que hoy es más vigente que nunca. Aquí surge un término extraño, el analfabetismo funcional.

Durante muchos años nos hemos vanagloriado de haber reducido más que nunca las tasas de analfabetismo; solo el 4% de la población colombiana mayor de 10 años es analfabeta. Parece un gran logro, que evidentemente hay que matizar; en primer lugar, porque, aunque el 96% de los colombianos decodificamos, es decir tenemos la habilidad mecánica de traducir símbolos escritos (letras) en sonidos (fonemas) para reconocer y pronunciar palabras; no hay una estadística global de cuántas de esas personas tienen capacidades para usar sus habilidades de lectura y escritura de manera eficaz en la comprensión de un texto, en la construcción de una mirada crítica, en la lectura de un programa de gobierno.

Tal vez no hay estadísticas globales, pero hay pistas. De acuerdo con los resultados de las pruebas PISA en 2022, el 51% de los estudiantes no alcanzó el nivel 2 de competencia lectora, esto significa, que no logran comprender la idea principal de un texto de extensión moderada, les cuesta encontrar información explícita si el lenguaje es ligeramente complejo y no pueden reflexionar autónomamente sobre el propósito de una lectura. De acuerdo con la OCDE, el nivel 2 es la línea de base mínima necesaria para participar plenamente en la sociedad contemporánea. El año anterior, volvimos a participar en las pruebas, veremos si esta realidad cambia en esta nueva muestra.

Pero, en qué nos afecta este escenario. Creería que en mucho. Acaban de pasar unas elecciones en las que la gran mayoría de los colombianos no se asomaron por los programas de gobierno, para revisar si lo que se decía en redes, en videos de IA, en los medios de comunicación era consistente con lo que respaldaban esas páginas. No solo eso, sino que, además nos enfrentamos a unas campañas que produjeron demasiados contenidos en tal diversidad de soportes que su enumeración sería engorrosa. Como nunca, requerimos utilizar nuestras habilidades de comprensión, interpretación y lectura crítica, y cabría preguntarnos si estas competencias estuvieron a la altura de las circunstancias.

No se trata, desde luego, de asumir un bando, se trata de entender que nos enfrentamos a un mundo eminentemente letrado, en el que ya no es suficiente decodificar el alfabeto para poder decir que leo. Nos encontramos en un mundo en el que siempre hay un discurso, debajo del discurso; en el que las intenciones se esconden detrás de palabras bonitas o certeras; en el que leer entre líneas se ha vuelto indispensable para no ser engañados. Si somos conscientes que nos enfrentamos a un mundo así, ¿qué vamos a hacer para prepararnos a enfrentarlo?

Yo creo que hay esfuerzos en Colombia valiosos, pero también creo, con tristeza, que son insuficientes, todavía. Es cierto que existe en cada municipio de este país una biblioteca pública, pero es importante preguntarnos: ¿cómo volvemos realidad, desde lo que sucede en cada biblioteca, la frase de cajón que reza que leer forma ciudadanía ¿Es cierto que todos los usuarios de las bibliotecas somos ciudadanos activos en esta sociedad?

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También es real que este país está lleno de profesores valientes que, pese a las mil y una dificultades, se atreven a innovar y a imaginar un mejor mañana para sus estudiantes. Pero, ¿cómo formar lectores en escuelas sin libros y sin materiales? ¿Cómo imaginarnos una educación que forme lectores si siempre hay inversiones más importantes que la formación y actualización de maestros?

Estas líneas no pretenden ser un memorial de agravios, ni un listado de quejas sin respuesta. Se trata más bien de una propuesta de indagación en sus conciencias de lectores acerca de su rol en esta particular parte del mundo en la que nos tocó vivir. ¿Cuál creen que es el rol de los lectores en esta realidad?

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