El acoso sexual sigue marcando los recorridos de las mujeres en Bogotá: 83 % teme sufrirlo frente a obras

30 de septiembre de 2026 a las 09:33 pm

Más de la mitad de las mujeres consultadas aseguró haber vivido acoso sexual callejero en el último año. Bogotá puso en marcha un piloto en zonas de construcción, pero las cifras muestran que el problema va mucho más allá de una estrategia preventiva.

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Bogotá puede estar llena de obras, pero para muchas mujeres esos espacios no son solo parte del paisaje urbano. También son lugares donde aparecen silbidos, comentarios sexualizados, miradas invasivas y otras formas de acoso que terminan condicionando por dónde caminar o qué trayecto evitar.

Según la Encuesta de Percepción Ciudadana sobre el Acoso Sexual Callejero 2025, el 83 % de las mujeres encuestadas manifestó temor de sufrir acoso en frentes de construcción. La misma medición encontró que el 51,6 % había vivido al menos una situación de acoso sexual callejero durante los 12 meses anteriores y que el 95,4 % sentía temor de enfrentarlo.

No es una historia sobre mujeres “miedosas”. Es una historia sobre una ciudad en la que la violencia sexual sigue influyendo en la manera como ellas habitan el espacio público.

No es solo percepción: hay conductas concretas

Entre las mujeres que reportaron situaciones de acoso, las conductas más frecuentes fueron las miradas o gestos sexualizados, los silbidos, besos al aire y sonidos sexuales, además de los comentarios sobre el aspecto físico. El 96,8 % identificó a hombres como las personas agresoras.

El acoso tiene responsables y también consecuencias concretas: modificar rutas, acelerar el paso, evitar ciertas calles o permanecer en alerta durante los recorridos cotidianos.

La violencia tampoco se limita a las zonas de construcción. Una investigación del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género encontró que el 33,4 % de las mujeres encuestadas reportó haber vivido alguna forma de violencia sexual en TransMilenio durante los seis meses previos a la medición. Ocho de cada diez víctimas identificadas en el sistema eran mujeres.

Zonas S: una respuesta que todavía debe demostrar resultados

En ese contexto, la Secretaría Distrital de la Mujer implementó el piloto “Zonas S: Obras seguras para todas”, desarrollado entre septiembre de 2025 y julio de 2026 en frentes vinculados a la Empresa Metro de Bogotá, el Consorcio Metro Línea Uno y empresas como Cusezar, Coninsa y Conconcreto, con participación de Camacol.

La estrategia incluyó actividades pedagógicas, mensajes de prevención, señalización y espacios de escucha. La intención fue intervenir entornos donde estas conductas han sido normalizadas y vincular al sector constructor con su prevención.

Pero la existencia de una estrategia institucional no significa que el problema esté resuelto.

En una primera medición, el 49,9 % de las personas consultadas dijo que avisaría a una autoridad o responsable si presenciaba una situación de acoso. En una segunda, el porcentaje llegó al 60,2 %. Sin embargo, participaron grupos diferentes: 441 personas en la primera y 211 en la segunda. La propia Secretaría advierte que esa diferencia no puede atribuirse únicamente al piloto.

Tampoco hay, con la información publicada, evidencia suficiente para afirmar que las situaciones de acoso hayan disminuido en los frentes intervenidos.

Ese límite importa. Una política con enfoque de género no debería medirse únicamente por talleres, mensajes o señalización, sino por su capacidad para reducir las violencias que restringen la libertad de las mujeres.

Denunciar sigue siendo otra barrera

El problema tampoco termina cuando ocurre el acoso.

El 73 % de las mujeres encuestadas dijo no saber dónde denunciar una situación de acoso sexual callejero. Entre quienes reportaron haber vivido estos hechos, solamente el 8,3 % informó a algún organismo de seguridad o justicia.

Entre las razones aparecen no saber a quién acusar, desconocer que estas situaciones podían denunciarse y no confiar en las autoridades.

Pedirles a las mujeres que denuncien no es suficiente si las rutas siguen siendo desconocidas o existe desconfianza frente a la respuesta institucional.

Bogotá no puede trasladarles a ellas el costo de protegerse

La segunda fase de “Zonas S” contempla sumar nuevas constructoras y entidades del sector movilidad. Además, la experiencia dejó una caja de herramientas para que otras organizaciones puedan aplicar las acciones. Pero el reto es mucho mayor que ampliar un piloto.

Cuando más de la mitad de las mujeres consultadas reporta haber sufrido acoso callejero y casi todas dicen temerlo, la respuesta no puede reducirse a enseñarles a “cuidarse mejor”.

Un enfoque de género exige trasladar la responsabilidad hacia quienes ejercen estas violencias, hacia las organizaciones que administran esos entornos y hacia las instituciones encargadas de prevenirlas y responder.

Mientras una mujer tenga que cambiar de acera, modificar su ruta o escoger otro horario para disminuir el riesgo de ser acosada, Bogotá seguirá limitando de manera desigual la libertad con la que mujeres y hombres pueden recorrer la misma ciudad.

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