Olvidar dónde quedaron las llaves, entrar a una habitación y no recordar de inmediato qué se iba a buscar o tardar unos segundos en encontrar un nombre puede ocurrir en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, cuando los olvidos se repiten, avanzan y comienzan a interferir con el trabajo, las finanzas o las actividades cotidianas, la historia puede ser diferente. Y la edad no siempre descarta lo que está ocurriendo.
También puede leer:¿Cómo podemos preparamos para envejecer? : el médico experto Rodrigo Santacoloma, responde
La enfermedad de Alzheimer suele relacionarse con adultos mayores, pero también puede aparecer antes de los 65 años. El National Institute on Aging de Estados Unidos explica que se habla de Alzheimer de inicio temprano cuando los síntomas se desarrollan antes de esa edad y señala que, aunque es poco frecuente, existen casos que comienzan incluso entre los 30 y los 60 años. Menos del 10 % de las personas con Alzheimer desarrolla síntomas tan temprano.
La dimensión mundial de la enfermedad también ayuda a entender por qué esos primeros cambios merecen atención. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 alrededor de 57 millones de personas vivían con demencia y cada año se presentan cerca de diez millones de casos nuevos. El Alzheimer constituye la forma más frecuente y representa entre el 60 % y el 70 % de los casos de demencia. Pero aquí aparece una diferencia que puede cambiar por completo una consulta médica.
Demencia y Alzheimer no significan exactamente lo mismo
Hablar de demencia no equivale de forma automática a hablar de Alzheimer. La demencia es un término que reúne alteraciones de la memoria, el pensamiento, el lenguaje y otras capacidades cognitivas cuando estas afectan el funcionamiento cotidiano. Existen, además, distintas enfermedades capaces de producir ese deterioro.
La doctora Natalia Triana Gallo, médica neuróloga del Hospital San Vicente Fundación Medellín, explica que el Alzheimer es el tipo más frecuente, pero insiste en que no es el único. Frente a una persona con deterioro cognitivo, señala que la tarea es “identificar qué está causando esos cambios” y evitar asumir desde el comienzo que el diagnóstico es Alzheimer.
Esa diferencia cobra importancia porque existen cuadros con características distintas. La demencia vascular está relacionada con daños en los vasos sanguíneos o interrupciones del flujo de sangre hacia el cerebro. La demencia con cuerpos de Lewy puede involucrar problemas de atención, alteraciones del movimiento, trastornos del sueño y alucinaciones visuales. Por su parte, la demencia frontotemporal puede aparecer con cambios de conducta, personalidad, planificación o lenguaje. El síntoma que abre la puerta no siempre es el mismo.
Por otro lado, algunos problemas de memoria y concentración pueden obedecer a condiciones distintas de una enfermedad neurodegenerativa. El NIA advierte que efectos secundarios de medicamentos, depresión, problemas metabólicos o endocrinos y otras afecciones médicas pueden provocar síntomas que se parecen a una demencia. Algunas de estas causas pueden mejorar o revertirse con tratamiento, lo que convierte la valoración médica en una pieza central antes de llegar a conclusiones.
¿Cuándo un olvido deja de ser cotidiano?
La respuesta no depende de un episodio aislado. La señal de alerta aparece, sobre todo, cuando existe un cambio respecto a la forma habitual en la que una persona se desenvolvía y ese cambio empieza a repetirse o avanzar.
El National Institute on Aging señala entre los posibles signos iniciales del Alzheimer la repetición de preguntas, perderse con facilidad, tener dificultades para manejar dinero o pagar cuentas y tardar más tiempo en completar tareas habituales. También pueden aparecer problemas para encontrar determinadas palabras, interpretar relaciones espaciales o tomar decisiones. En otras palabras, la pérdida de memoria no es la única señal temprana.
Esto puede resultar más difícil de reconocer en una persona de 40, 50 o comienzos de los 60 años. Una falla en la concentración durante el trabajo puede atribuirse al cansancio; olvidar una cita puede relacionarse con una agenda llena; una dificultad para organizar una tarea puede explicarse por el estrés. Muchas veces esas explicaciones son correctas, pero la pregunta cambia cuando los episodios persisten y empiezan a afectar actividades que antes se realizaban sin dificultad.
La Alzheimer’s Association advierte, precisamente, que el Alzheimer de inicio más joven puede tardar en diagnosticarse porque la edad lleva a considerar primero explicaciones como estrés, depresión u otras condiciones. La mayoría de las personas con esta forma de Alzheimer presenta casos esporádicos, es decir, no atribuibles a una causa genética hereditaria directa.
Estas señales podrían justificar una consulta
Entre los cambios que ameritan prestar atención están olvidar conversaciones recientes de forma repetida, hacer varias veces las mismas preguntas, desorientarse en lugares conocidos o comenzar a presentar dificultades para controlar pagos, medicamentos y compromisos.
También puede llamar la atención que una persona que siempre organizó con facilidad sus actividades laborales empiece a perder pasos de procesos conocidos; que cocinar una receta habitual se convierta en una tarea difícil; que aparezcan problemas recurrentes para encontrar palabras o que familiares perciban cambios progresivos en su conducta. El punto no es uno de esos episodios por sí solo, sino su frecuencia, evolución y efecto sobre la vida diaria.
En Estados Unidos, la Alzheimer’s Association calcula que aproximadamente 110 de cada 100.000 personas entre 30 y 64 años viven con alguna forma de demencia de inicio más joven, equivalente a cerca de 200.000 personas. La organización reconoce que los estudios de prevalencia en ese grupo todavía son limitados, un dato que también obliga a interpretar las cifras con cautela.
¿El Alzheimer temprano siempre es hereditario?
No. Y esa es otra de las ideas que pueden generar confusión.
Existen variantes genéticas poco frecuentes vinculadas de manera directa al Alzheimer de inicio temprano, entre ellas cambios en los genes APP, PSEN1 y PSEN2. Sin embargo, el NIA explica que solo una parte de los casos que aparecen antes de los 65 años está relacionada con estas variantes. Tener un familiar con Alzheimer tampoco significa, por sí solo, que una persona vaya a desarrollar la enfermedad.
La historia familiar adquiere mayor importancia cuando varias personas de distintas generaciones han desarrollado la enfermedad a edades tempranas. En esos escenarios, el médico puede determinar si existen razones para ampliar los estudios o considerar asesoría genética. Pero antes de llegar a ese punto todavía falta una parte esencial del proceso: saber qué está ocurriendo en el cerebro y en la vida cotidiana del paciente.
¿Cómo se llega a un diagnóstico?
La doctora Natalia Triana Gallo resume una de las claves del proceso con una frase: “El diagnóstico no depende de una única prueba”.
Según explica la neuróloga del Hospital San Vicente Fundación Medellín, la valoración comienza con una historia clínica que permita establecer cuándo aparecieron los cambios y cómo han evolucionado. Dependiendo de cada caso, pueden incorporarse pruebas neuropsicológicas, análisis de sangre y estudios de neuroimagen, entre ellos la resonancia magnética.
En pacientes seleccionados también pueden considerarse biomarcadores relacionados con Alzheimer, presentes en sangre o líquido cefalorraquídeo. El objetivo, según la especialista, es determinar cuáles funciones cognitivas están comprometidas, descartar otros problemas y establecer si se está ante Alzheimer, otro tipo de demencia o una condición que pueda recibir un tratamiento específico.
El NIA también señala que el diagnóstico de las demencias puede requerir historia clínica, examen físico, evaluaciones neurológicas y pruebas de laboratorio debido a que varios tipos pueden compartir síntomas. Algunas personas, incluso, pueden presentar más de una forma de demencia al mismo tiempo. Y ahí es donde una evaluación completa puede cambiar el rumbo.
¿Es posible reducir el riesgo de demencia
La edad sigue siendo uno de los factores de riesgo más importantes, pero la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. La OMS publicó en julio de 2026 nuevas recomendaciones según las cuales hasta un 45 % del riesgo de demencia podría estar relacionado con factores modificables y, por lo tanto, podría prevenirse o retrasarse actuando sobre ellos.
Entre esos factores aparecen el tabaquismo, consumo nocivo de alcohol, inactividad física, aislamiento social, hipertensión arterial y diabetes. La OMS también menciona condiciones como pérdida de audición o visión, mala calidad del sueño, obesidad, depresión, traumatismos craneales y accidentes cerebrovasculares entre los elementos asociados con un mayor riesgo.
Esto no significa que adoptar hábitos saludables garantice que una persona nunca desarrollará Alzheimer. Significa que existen condiciones sobre las cuales sí se puede intervenir para reducir parte del riesgo a lo largo de la vida. Y esa diferencia también forma parte de la prevención.
Consultar cuando algo empieza a cambiar
De acuerdo con información suministrada por el Hospital San Vicente Fundación Medellín, entre 2021 y 2026 la institución atendió a 667 personas diagnosticadas con Alzheimer, experiencia que ha permitido fortalecer el seguimiento de pacientes con deterioro cognitivo.
En el marco del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, los especialistas insisten en una idea: un cambio progresivo en la memoria, el lenguaje, la organización, el comportamiento o la capacidad de desarrollar tareas habituales no debería normalizarse únicamente por la edad.
No todo olvido significa Alzheimer y tampoco todo problema de concentración conduce a una demencia. Sin embargo, cuando una persona empieza a funcionar de una manera distinta a como lo hacía meses o años atrás, buscar una evaluación médica puede aclarar qué está ocurriendo. Y en algunos casos, esa consulta puede revelar algo que hasta entonces había permanecido oculto.
Leer esta noticia en:
https://www.publimetro.co/estilo-vida/2026/09/23/alzheimer-antes-de-los-65-anos-las-senales-tempranas-que-no-deberian-pasarse-por-alto/



