Las guerras mundiales no se declaran. No hay un instante preciso en el que un comité de misteriosos señores se reúne en un salón de un hotel para convocar a la prensa y decir “con ustedes: ¡la guerra mundial!”. Tampoco son los políticos de un lado o de otro quienes envían un comunicado con muchas banderitas y firmas anunciando que oficialmente empezó la guerra. Las guerras mundiales, como la que ya estamos viviendo y nos rehusamos a reconocer, son como una olla a presión: hacen ruido, hacen ruido, pitan, hacen ruido, pitan de nuevo, hasta que un día se revienta haciendo añicos todo lo que considerábamos sólido y perdurable. Soy pesimista. Nuestra olla está a punto de estallar y ya no hay marcha atrás.
Leer esta noticia en:
https://elpais.com/america-colombia/2026-09-21/llego-la-guerra-definitiva.html



