Tendrán que pasar muchos años para que Colombia logre superar el inmenso daño que Gustavo Petro hizo con su política del odio. Afortunado él y su familia, que más temprano que tarde abandonarán para siempre a Colombia y se irán a vivir a algún lugar donde los medios públicos pueden criticar al gobierno de turno, en donde el jefe de Estado dialoga con empresarios y sindicatos por igual, en donde la estigmatización a quien piensa diferente se condena en lugar de ser aplaudida. Ya Verónica está feliz en su exilio nórdico y, al paso que vamos, Gustavo se decantará por algún país latino con gobierno de izquierda – como México – para instalar sus cuarteles de invierno. Mientras tanto, en Colombia tendremos que sobrevivir a un Gobierno que no es más que el eco del suyo.
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