Sin saber aún si tendrá que repetirse su juicio por falta de veredicto unánime del jurado, Lindsay Clancy aguarda un futuro incierto: o cárcel o reclusión en un centro de atención psiquiátrica. Estados Unidos se ha dividido ante un proceso penal mediático en el que, en el fondo, se decide si la madre de los pequeños Cora, Dawson y Callan, de cinco años, tres años, y ocho meses, lo hizo como alega su defensa en medio de un brote psicótico. Ella ha admitido haberlos matado, pero ha explicado que una voz de un hombre la indujo a hacerlo y después suicidarse. Su abogado ha dicho esta semana ante el tribunal de Plymouth, en Massachusets, mientras se decide si tiene que volver a sentarse en el banquillo, que la enfermera lo hará si hace falta pero que ella no está muy bien.
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