
Dice Aurora Nealand que disfruta especialmente del sonido de los huevos friéndose en el aceite porque tiene muchas capas. Una idea que muestra a una artista capaz de prestar atención a los pequeños detalles por simples que sean. Los huevos mientras se fríen regalan un sonido que, a veces, bien pueden dar paz. La música de Nealand, llena de candor y esencia de Nueva Orleans, goza de una especie de aspecto hogareño y querido: el de la paz espiritual.
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