Antonio Navarro llegó a esa negociación sin que nadie lo esperara. Le pregunté cómo había llegado y me contestó: “por fax”, el sistema que en los años noventa teníamos para transmitir textos. Investigué y resulta que llegó por Necoclí: aprovechó la conmoción por la muerte de Luis Carlos Galán, en 1989, para llegar hasta allí. Después, disfrazado de cura, se trasladó a Santo Domingo, en Cauca, la que era la sede de los diálogos de paz entre el Gobierno y la entonces guerrilla del M-19, de la que él fue uno de los comandantes.
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