Decía hace un tiempo la nutricionista Azahara Nieto que en las cosas del comer, es una práctica habitual “categorizar moralmente a los alimentos”. O buenos o malos, sanos o dañinos, sin medias tintas. Pero la cosa no es tan sencilla: “Ningún alimento, por muy sano que sea, va a mejorar sustancialmente nuestra salud, ya que la salud es un conjunto de factores que no solo tienen que ver con a la alimentación. Por la misma razón, un alimento no tan nutritivo no va a hacer que nuestra salud empeore. Todo es mucho más complejo, requiere de flexibilidad y equilibrio”, advertía en un artículo en EL PAÍS. En nutrición no sirven las consignas simplistas ni las etiquetas de brocha gorda y la ciencia no hace más que demostrarlo. El último ejemplo es un estudio recién publicado que cuestiona la idea instalada de que todos los alimentos ultraprocesados son igual de nocivos.
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