Tiene nombre de rugido. El RUGE, un guiño al tigre con el que se apodó a Abelardo de la Espriella en campaña, circuló durante meses como rumor en los foros minero-energéticos hasta que, el 29 de octubre, llegó al Congreso dentro de la reforma tributaria. Detrás de la sigla, el Régimen Único para Generar Estabilidad Empresarial, hay una promesa para los grandes inversores: impuestos más bajos y reglas que no cambiarán en 16 años. Es justo lo que pedía el sector extractivo. Un pozo o una mina exigen años de inversión antes de producir, y las empresas quieren saber qué pagarán mientras tanto. A mediados de octubre, los gremios de hidrocarburos pidieron un régimen “como lo hizo Argentina con el RIGI”, en palabras de Nelson Castañeda, presidente de Campetrol.
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